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domingo, 9 de febrero de 2014

Tres en uno


Eso es lo que le va a hacer falta a mi cuerpo como siga a este ritmo: trabajar, salir de fiesta, despedir a los amigos que se marchan, acoger a los que llegan, conquistar el karaoke, mudarme de casa (¿otra vez?), bailar salsa (¡¡Qué!!), comer por ahí, preparar la cena para 8 o 10, asistir a todos los eventos en el college, buscar trabajo, pedir referencias, ir a Melbourne y la Great Ocean Road, perseguir al tipo ese que me tongó con el piso compartido, organizar una escapada en furgoneta, echarnos un ping-pong en casa de Stephane, preparar el viaje a Nueva Zelanda, o Cairns, o Adelaide o el desierto o donde quiera que sea, ir a los cruceros de camarero (cada vez menos), trabajar en la cafetería (cada vez menos), hacer de voluntario (cada vez menos), conocer los alrededores (cada vez más), Newcastle, las playas del Norte y las del Sur (Palm Beach, Jervis Bay…), escribir el blog…
Con todo esto, ¿quién puede reflexionar sobre el futuro?¿ Y más aún, quien se quiere volver a España cuando se le acabe el visado? Lo mismo un mesecito más, de turista, me quedo, ya veremos cómo.
Escribiendo este post me siento muy musical, así que os dejo unas canciones que me gustan:
Sabina, porque este post se parece un poco a la canción...
Esta porque nunca seré un cantante, ni aprenderé a tocar la guitarra (pero eso es de familia)
Y esta por hacer el post un poco más internacional, y porque no siempre se crece como a uno le gustaría.

jueves, 16 de enero de 2014

Otra de las mías



¿Os acordáis del famoso Carlo Rossi?
Para algunos no hará falta más, a los demás os diré brevemente que era un tipo que me pidió 20 euros en Turín para ir a su casa a coger las llaves del gimnasio con la excusa de que era el famoso boxeador Carlo Rossi.
La sala de no-estar





¡Qué ingenuidad! ¡Qué candor! Y ya tenía 20 años, pero el tipo me tongó igual (aunque eso sí, me dejó su reloj, que parecía muy valioso pero era un Carretier fabricado en China o en casa de Rossi.
Después de esta y otras cuantas aventuras similares, cualquiera podría pensar que he aprendido y ya no me timan, pero no es así, sigo creyendo que la gente es buena y me llevo chascos, ¡qué le vamos a hacer!
La última a propósito del piso. Éramos dos a compartir, vino mi ex compañera de piso a pasar unos días, encontró trabajo en la panadería de al lado y decidió quedarse un mes y medio. Intentamos hablar con la casera para que nos dejara ser tres pero el primer acercamiento de posturas salió rana, así que me busqué rápidamente una habitación para pasar un mes.
El agradable jardín, trasero
No os cuento lo difícil que es encontrar algo barato y por breve tiempo, pero os lo imaginaréis. Después de unas cuantas llamadas y mensajes que acabaron en nada y ya con el agua al cuello, me responde un tipo (Helman) que resulta ser español (Germán, supongo), me lleva a ver la casa y me enseña solo el cuarto.
El cuarto no estaba mal del todo, y medio limpio. Pero cuando vi el resto de la casa (obviamente después de haber pagado la fianza) casi me desmayo. De hecho si no lo hice fue por miedo a coger una infección en esa pocilga que el tipo con mucha gracia decía en el anuncio que era “un piso totalmente renovado, y pintado, como nuevo”
Además, el cuarto daba a la vía del tren, por lo que desde las 5 de la mañana había un ensordecedor ruido de trenes pasando por la ventana. Conclusión: que le dije al baranda que yo pasaba del tema y que me iba de allí (y que de paso me devolviera la fianza).
Me dijo que sin problema, y nunca más se supo. Como yo soy un tipo listo, con recursos, le dije a mis amigos que llamaran como interesados en el piso y así me presentaba yo para hablar de lo mío. Resultado: se inventó que había estado de vacaciones y me dio un número al que llamarle para quedar. Entre que no responde y que yo no insisto, seguimos como estábamos.
La cocina. Cucarachas en la nevera que os ahorro
Y ahora, estilo Víctor, os dejo unas fotos de la maravillosa casa, cortesía de Dinah.
El cuarto de baño, totalmente renovado
La repisa para poner el cepillo de dientes, limpísima

jueves, 19 de diciembre de 2013

Decir que no

Si me conocéis, sabréis lo que me cuesta decir que no. Que se lo pregunten a Carlos y a Patricia, que me embarcaron en La Nave de Penélope y De qué color SOS, proyectos de teatro social en Madrid y Granada, mientras vivía y trabajaba en El Salugral (con una combinación de transporte publico y privado que en más un par de ocasiones obligó a mi madre a "acompañarme" al volante), o cuando vivía y trabajaba en Tetuán pero a la vez ensayaba para ir al festival de Almagro con el grupo de teatro de la Uni (con olvido de pasaporte, cruce en ferry y odisea para llegar a Ciudad Real).
Al teatro nunca podré decirle que no. Pero al trabajo si. Así que ayer, ni corto ni perezoso le digo al gerente de la cafetería restaurante, "mira, estoy trabajando en los cruceros por la bahía y no tengo vida, así que me voy"
¿Os lo imagináis? Yo tampoco. Lo que en realidad le dije fue más bien. "Te seré sincero, estoy cansado porque trabajo en los cruceros y me gustaría tener menos turnos en el restaurante, además ahora que vienen las fiestas tengo visitas de amigos y compromisos sociales así que no voy a poder estar disponible todos los días, espero que esto no os cause demasiados problemas"
BBQ con palillos
Supongo que soy un sentimental y le cojo cariño a la gente, al ambiente, al puesto de trabajo, tanto que la única forma de que me marche es cambiar de país, como hice en Italia, Marruecos o Bélg... ah, no, que en Bélgica lo que pasó es que el Cervantes no me renovó el contrato y de hecho ahí me quedé unos cuantos meses más sin trabajar.
Para quien lea entre líneas, "cambiar de país"... ¿querrá decir que se vuelve? ¡Oh, no! el pelma este regresa a España, dirán por ahí. O también: Espero que se deje ya en paz de tanto blog cuando vuelva, que se está poniendo ya un poco cargante.
Preguntado por esto diré que no tengo nada que añadir.
También fui a cenar a un restaurante cubano
Pero ya que os interesáis, esta semana he estado en un par de sitios increíbles, de barbacoa surcoreana en casa de Sun porque le conseguí trabajo en los cruceros y quería agradecérmelo y en el Palmer Co. un pub estilo jazz años 20 que es una auténtica pasada, de los mejores garitos que he visto en el centro de Sydney (por supuesto chic y estiloso, pero a la vez con un toque bohemio. Empata con el ya mítico Pichuco's australiano, que está en las afueras y sigue siendo el número 1 en el ránking de visitas (también porque de vez en cuando trabajo allí.

Las navidades se presentan ajetreadas, el hecho de que haya 30 grados a la sombra genera una sensación de 25 de julio más que de 25 de diciembre y el plan de los expatriados es reunirnos en alguna playa para bañarnos e ir de picnic. Más detalles y fotos en el próximo post. Felices fiestas... (con Freixenet o con McWilliams, que es el champán de aquí).
Ah, se me olvidaba, como paro poco por casa... está muy bonito el jardín y a veces subo y paso 3 minutos o así (el tiempo que tardo en tender la ropa).

lunes, 18 de noviembre de 2013

Todo lo bueno se acaba

El curso, los eventos de clase, el festival de Newtown vivir de gorra al lado de la playa...
Pero eso si, los trabajos, los exámenes, el curro, eso parece infinito, y de hecho todavía me queda una semana de fuego.
Yo ganando un premio
De momento, celebrar que los eventos salieron bien, los de toda la clase, que aquí somos un equipo y no estamos para criticar más a los unos porque si tal y a los otros porque si lo siguiente. Fui a la fiesta de disfraces de superhéroes, que estuvo divertida, y gané un cesto de productos Barilla (pasta, diferentes salsas, un mandil y una taza de desayuno, todo muy cuco, así que quedé requetebién con mi madre de acogida (aunque es intolerante al gluten, ahora que lo pienso, igual tendría que hacerle un regalo). La fiesta estuvo muy bien y había un grupo de música en directo. Como os podréis imaginar me marqué unos bailes muy personales para deleite del personal.
Yo pasado por agua
Luego está el festival de Newtown, que estuvo pasado por agua por la mañana y me pilló el temporal rellenando botellas del líquido elemento para repartir entre los voluntarios. Aparte de acabar, como decía el poeta, hecho una sopa, me lo pasé muy bien y yo creo que le saqué partido a un evento que es increíble, el sábado a las 2 de la tarde el parque está vacío, el domingo a las 9 de la mañana hay 300 stands, 3 escenarios de música, un taller de reparación de bicis, exposiciones de artistas locales y 150 voluntarios correteando. Y esta vez no me abrí la cabeza recogiendo, que ya es un progreso.
Yo friendo una tortilla papas
Para terminar, las buenas noticias: ¡encontré casa! (aunque me mudo el próximo martes). El lugar, curioso, muy cerca de la antigua casa, en el mismo barrio rico de Kirribili. En realidad la casa la encontró Fernando, que si no es por él aún estaría viviendo de acople en casa de mi compi de clase (la casa donde hice la empanada que tanto éxito ha recogido en Facebook).
La historia de la casa es la siguiente: se trata del piso de abajo de una casita de tres plantas, completamente independientes entre ellas. En el piso de arriba vive la dueña que es una mujer muy agradable y bien parecida con la que estuvimos hablando un rato el día de la inspección. Dejó caer así a la ligera que su trabajo era escribir, pero no me quedó muy claro. Total que me olvido de ello y ayer me manda Fernando un enlace a su página web, resulta que es conocida, ha sido actriz, modelo, ha escrito para tele y cine, ha vivido en Nueva York, tiene un libro sobre su experiencia en los States y, como diría José Luis Moreno, ha estado en Londres, wuwuwú).
Si todo lo bueno se acaba, habrá que empezar algo nuevo.
Yo he venido aquí a hablar de su libro




sábado, 2 de noviembre de 2013

Y ahora, ¿qué?

Buena pregunta.
Y así podría acabar mi entrada de hoy, porque de respuestas, como siempre, ando algo escaso.
Por suerte me hago buenas preguntas, muchas y variadas, así que material para colgar el tercer post de la semana me sobra. Empecemos, como en la pirámide de Maslow, por el escalón más básico:
Los arbolitos primaverales cerca de casa
Desde hace ya tiempo, mis necesidades básicas aquí están cubiertas. Tan es así que me decidí hace algo más de tres semanas a mudarme al barrio rico. Para el que no dé crédito, aquí tengo unas cuantas fotos de muestra.
No contaba yo, sin embargo con un pequeño detalle: en el mundo hay mucha gente y algunos son propietarios de las casas en que vivimos de alquiler, y algunas veces a los propietarios les da por tener hijos que se van a vivir a Canberra y deciden volver. Y esos propietarios tienen buen corazón y no van a dejar a sus hijos sin un techo así que deciden que los inquilinos “esos que tan bien me venían cuando mi churumbel estaba en la capital” ahora sobran.
La cocina, superdotada
Resumiendo, que nos han largao del piso. Y ahora, ¿qué? A empezar de nuevo, que si búsqueda, que si mudanza, que si centro, que si periferia, que si apartamento caro con sauna, spa, gimnasio y piscina o casita en las afueras con parquecito y aire puro, que si 150 o 200 (o 250), etc. Y yo que soy un emprendedor nato y decidido, pues no sé qué hacer ni dónde mudarme.
A todo esto, el aviso me lo dan con 2 semanas de antelación y el evento de por medio, seguido de trabajos y exámenes toda esta semana; resultado: cero en búsqueda detenida de apartamento ideal. Solución, o escoger lo primero que se me ofrezca (incluyendo el apartamento del que huí en verano) o buscarme un hotel/hostal/casa de amigo mientras me dura la caza del alojamiento perfecto.
La bahía enfrente del parque al lado de casa
Una vez encuentre casa (la segunda necesidad según Maslow) podré pasar a la tercera, la afiliación, que tiene su miga. Dice wikipedia: amistad, afecto, intimidad sexual. No haré más comentarios, que ya os encargáis en facebook o en privado de afilar el cuchillo al respecto (en que hora se me ocurrió contar la anécdota de la brasileña)
El cuarto peldaño, el del reconocimiento y el éxito, ya lo tengo ganado: las notas son buenas, los profes me piropean y me han elegido de los mejores estudiantes internacionales del cole, aunque tampoco es que tenga mucho mérito, desde que he llegado aquí he asistido a más ceremonias y entregas de premios que la estatuilla de los Oscars. A cualquiera le dan un premio (y a cualquier cosa le llaman premio, ya os contaré si cae algo).
El comedor al lado de la cocina
Y el último, el de la autorrealización, dice Maslow (siempre según wikipedia) que se alcanza cuando se encuentra una justificación o un sentido válido a la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad, o sea el clásico ¿qué quieres ser de mayor? Bien, si alguien sabe lo que significa ser mayor y sobre todo sabe lo que quiere, mi más-lowiana enhorabuena.

Yo, por mi parte, os dejo con Búnbury.




jueves, 31 de octubre de 2013

Una en dos: Segunda Parte

 Y llegó el gran día, Bingo Schmingo! Y coincidía con el cumpleaños de mi madre, que por cierto, estuve hablando con ella toda la semana preocupadísimo por si me olvidaba de llamarla con todo el follón. Y ella, como es ella: “no pasa nada, Zó, tu si estás liao a lo tuyo y yo ya me doy por felicitada y hablaremos otro día”. Por supuesto, me acordé, pero vayamos por partes:

La previa
Como en los partidos de fútbol, el día de antes sólo se hablaba de Bingo Schmingo! Llevábamos vendidos a trancas y barrancas unos 80 billetes y cumplíamos justito el mínimo esperado. Además el presentador de la gala nos había dado la semana preguntándonos constantemente detalles sobre su papel e información sobre los juegos y actividades preparadas. Ahí nos pilló el toro, le dimos la información demasiado tarde y poco se pudo hacer para remediarlo.
Como anécdota curiosa, diré que el pollo en cuestión es amigo de una de las integrantes (o miembras) del grupo, que no es la coordinadora pero se ha pasado el semestre intentando serlo, y de ahí que hicieran grupo para criticar el trabajo de la coordinadora (o jefa) y de la responsable de logística.
Como soy muy diplomático, me tocó estar en el medio de la tormenta y si bien logré mantener la amistad con ambas, no tuve tanto éxito a la hora de acercar posturas y enterrar el hacha de guerra. Y como no fumo, ni hablamos ya de la pipa de la paz, claro.
Durante las 48 horas previas al evento, los interesados se multiplicaban y la lista de asistentes no paraba de crecer: el techo era 120 y parecía factible hablar de Sold Out. Y así fue, a las 8 de la tarde, la profesora ordenó cerrar la taquilla. La función podía comenzar.

El gran día
Pero antes, un poco de preparación. Llegamos a las tres de la tarde a colocar la sala, en la bolera que habíamos alquilado, de todo menos facilidades, y la peña pasando de nosotros. El caso es que preparamos una serie de mesas y sillas que acogían a 90 personas y añadimos algo más a los lados, hasta llegar a 100. Obviamente, a las 7 de la tarde, con los asistentes llegando en masa, nos tocó sacar más mesas y más sillas y preparar last minute todo lo necesario.
Saludando al personal
Por fortuna se nos ocurrió poner en las mesas unos cubos de Rubik como parte de la decoración (la idea del bingo era que fuese muy ochentero) y tuvimos a la gente entretenida destrozando los cubos hasta las ocho y media que empezó el show. Con la correspondiente media hora de retraso, como los buenos conciertos de rocanrol.
Y empezó la fiesta, y era estresante porque teníamos que recuperar el tiempo perdido, y el presentador era muy salao, pero un poco lento y aquello tenía pinta de que no se iba a resolver y en el descanso decidimos eliminar un juego y cuando regresamos no nos hizo caso y de mala manera tocó recortar los bingos y en el último tuvimos dos ganadores y luego la rifa, que había 10 premios y aquello parecía interminable.
Y para rematar, a la “coordinadora en la sombra” le dio por sacarnos a todos al escenario a saludar y marcarse un discurso de agradecimiento cuando ya estábamos 15 minutos por encima del final previsto y la mitad de la gente ya se había marchado de sus asientos. Y tras esta lamentable imagen, todo terminó

Pero la profe nos dijo que había estado bien, o sea, que no suspendo!

After party
Caput, capitis, claaaro
Tras el éxito a recoger y, si nos queda fuerza nos vamos de juerga. Venga, hecho, ¡vamos a darle vida! Total que me emociono para retirar mesas y sillas lo más rápido posible y en un clamoroso fallo de cálculo me estampo contra una puerta de cristal. Valiente imbésil.
Eso sí, aquí son de un exagerado que da miedo, llamando a la ambulancia y todo, como si esto fuera yo que sé.
Para vuestra tranquilidad, el golpe, en lugar de dejarme tonto (más de lo que estoy es imposible) me ayudó a recordar el cumpleaños de mi madre, ahí entendí por qué se dice caer en la cuenta y se acompaña con una palmadita en la frente.
Por supuesto, nada de fiesta, a casita a dormir y mañana será otro día.

lunes, 28 de octubre de 2013

Uno en dos: Primera Parte

En lugar de escribir una entrada y matar dos pájaros de un tiro, el clásico dos en uno, voy a dividir la entrada de hoy en dos capítulos, porque es fin de semana, porque llevo una semana de retraso y porque tengo bastantes anécdotas que contar (y porque me da la gana, que parece que hay que explicarlo todo, oye).
Llevaba como un mes con la cosa de preparar el evento, que si Bingo por aquí que si Schmingo! por allá, pero sin mucha gana tampoco.  ¿Cómo? Resulta que las guerrillas internas estaban desgastando un poco la ilusión del grupo y mi circunstancia personal tampoco contribuía demasiado, por implicación en varios fregaos que detallo a continuación:
El programa del taller
Me invitaron a un seminario-taller sobre cómo desarrollar posibilidades de prácticas en Sydney para estudiantes internacionales. Lo de siempre, trabajar de gratis para una empresa que luego no te contrata, con el agravante de que aquí no puedes quedarte bajo el estatuto de estudiante en prácticas a menos que las prácticas formen parte del plan de estudios (lo que significa exactamente lo que estáis pensando, que además de trabajar gratis, tienes que pagar las tasas del curso, que como ya os habré comentado son 10 veces más caras que para un estudiante local).
Lo mejor del taller fue el networking; conocí a algunos miembros de TAFE, la escuela en la que estudio, y que nos invitaron a un cocktail en la parte de atrás de la Ópera, que es posiblemente el lugar más increíble de la ciudad para ver el atardecer. Por supuesto, no tengo ni una foto para documentarlo porque “esa cámara tan guapa que tengo” pesa un riñón y da una pereza ir cargado con ella a todos lados que nunca saco buenas fotos.
Tras ello, y con 4 días de antelación, me llaman de TAFE dos veces (una mi profe de derecho, que es responsable de estudiantes internacionales; y otra la mujer que conocí en el taller) para invitarme a un encuentro con el evaluador que va a otorgar el premio a la mejor institución educativa para estudiantes internacionales de Australia: Un almuerzo-presentación de las virtudes de la escuela en el que querían incluir algo exótico como la presencia de estudiantes que verificaran el discurso oficial.
Peliculón: La gran belleza
Posibilidad de meter baza en la charla: menos del 1%. Cuando me preguntaron, contesté lo mejor que pude (sin mencionar la odisea inicial de tener que cambiarme de curso que tan graciosa me parece ahora) y me dediqué a disfrutar de la comida, que el restaurante de la escuela es muy bueno.
Y para rematar, las prácticas en el Festival de Newtown, que son todos los miércoles de 9 a 5, el trabajo en el café-restaurante que es sábados y domingos, el festival de cine italiano (que fui a ver La gran belleza y me gustó mucho), ayudar al resto de compañeros del curso con sus eventos…
Total, que llegó el día del evento y todo lo tranquilos que estábamos todos se nos pasó de golpe con el frenético sprint final... Pero eso es materia de otra postal.

jueves, 8 de agosto de 2013

La vida en el barrio

A las 5 de la tarde, cualquier domingo del año, cuando el resto de la ciudad pasea o se relaja al sol, hay un recóndito lugar (bueno, en realidad es bastante grande y está en pleno centro) en el que se corre estresado de un lado para otro: Se trata del mercado de fruta y verdura de Chinatown Paddy's Market, en el interior del gran mall (pronúnciese Mol) de Market City.
Para que os hagáis una idea gráfica podría haceros un dibujo, pero el domingo pasado tuve un ratillo para darme un paseo por allí y esto es lo que os traigo:


Bastante tranquilo parece el cruce de Ultimo Road y Haymarket, aunque ya se avisa en los segundos finales el rugido de la marabunta. Para rellenar un poquito entre vídeo y vídeo os contaré que en Market City hay 3 niveles: los bajos, donde está el mercado de fruta y verdura y las tiendas de souvenirs; el primero donde están los restaurantes (kebabs, pizzerías, thai) los chinos, el supermercado, etc; y el segundo, donde están las tiendas y las máquinas recreativas (aquellas por las que Pepe casi pierde el avión en un agónico set de Virtua Tennis). El mercado está abajo, a la izquierda desde el punto de vista de la cámara de vídeo.
Así se encuentra un domingo cualquiera, a eso de las 5 de la tarde:


Se pueden decir muchas cosas, pero no que haya respeto. Por momentos se le olvida a uno respirar no vaya a ser que se desequilibre el reparto de espacio. Y os preguntaréis (digo yo, vamos) ¿por qué? Es domingo, ¿qué necesidad hay de ir a pegarse empujones al mercado, si abre desde el miércoles todos los días de 9 a 5.30? Pues ahí está la respuesta; que el lunes y el martes cierra y, como todo el mundo sabe, la fruta y la verdura que no se vende tiene muy triste final, el cubo de la basura.
Para evitar que esto ocurra, los fruteros y verduleras (o las fruteras y verduleros) hacen gala de sus mejores estrategias de marketing. Los canales, eso sí, no son muy sofisticados; nada de facebook o twitter, el grito pelao que es lo que se ha hecho de tóa la vida.


A la voz de ¡Wandola, wandola, wandola, eh!, (en inglés sería: One dollar, one dollar...) los atareados comerciantes preparan cajas de plástico con aproximadamente un kilo de lo primero que caiga en sus manos (siempre que esté bien maduro).
Los confundidos compradores no hayan más guía que los ocasionales cambios de cantinela: ¡Chiiiipa, chiiiiipa, chiiiiiiiiiiipa! (que traducido, al inglés, claro, sería Cheaper, cheaper...).
Al final, con tanto jaleo, tanto grito y tanta gente, llega uno con la idea de comprar zanahoria y repollo para hacer una sopa y acaba llevándose calabacines y pimientos para alimentar a un regimiento.
Pues nada, oiga, ¡Pisto manchego!

miércoles, 31 de julio de 2013

Ya es miércoles de nuevo, ¡y yo con estos pelos!

Ha pasado una semana y parece un mes, que le cunde el tiempo a uno en el invierno que es una maravilla. Empezando porque el mismo miércoles pasado por la noche me fui con los compis del trabajo de karaoke (segunda experiencia si no contamos los karaoke pijama party del apartamento 61) para celebrar el cumpleaños de Sun, pero vamos, que cualquier excusa nos vale para liarla (¿de qué me suena esto?).
Karaoke para todos y algo de comer
Para los que han tenido el dudoso gusto de escuchar mi voz de ruiseñor de los cerros diré en mi descargo (y en adobo) que después de mi segunda canción me regalaron una jarra de cerveza de 1 litro. Y eso que no me desnudé ni nada parecido, si no me hacen dueño del bar fijo.
Y siguiendo por el curso, que se está poniendo interesante desde el principio: ya tengo grupo y actividad, organizaremos una noche temática homenaje a los programas televisivos de los 80 con Bingo, rifa, tómbola y sorteos para recaudar fondos por una buena causa (Asociación Australiana de Cáncer de Colon).
Yo propuse una actividad muy divertida y excitante (una especie de Caza del Tesoro con el Camino de Santiago de telón de fondo, pero aunque prometía, parecía bastante trabajo burocrático (conseguir permisos de todos los distritos, del gobierno local, regional, estatal, nacional, mundial y yo que sé). Pero estoy bien, no lloréis por mí, me desquitaré haciendo de Jordi Estadella o de Joaquín Prat.
Me toca la parte de marketing y buscar sponsors, así que he recuperado el espíritu del networking y voy a intentar atraer a la gente que conocí en el grupo de expatriados cuando llegué-
Y luego está el trabajo, que los compis del restaurante son muy buena onda y nos lo pasamos como podemos (aunque no hemos establecido aún ningún domingo/lunes de camarero, pero todo se andará). Y también el trabajo de la App, que es más aburrido porque estoy yo solo, pero que ya me acerco a finalizarlo.
Además, el voluntariado, que regresa pisando fuerte (el viernes debería despertarme a las 6 de la mañana para uno y no acostarme hasta las 2 de la mañana para el otro, ya os contaré si sobrevivo) con el esperado retonno al pichuco’s australiano.
#fotosquenovienenacuento - la media tortilla
En esta vorágine de actividad compulsiva, un amigo y compañero de voluntariado (Fernando) me ha descubierto uno de los secretos mejor guardados de Sídney. En la Universidad que hay al lado de mi colegio organizan un desayuno para los estudiantes. Lo mejor son muchas cosas: es de calidad, es gratis y no te piden el carnet de estudiante. Se ve que la uni tiene dinero porque el pan es de cultivo orgánico, los cereales también, para untar tienen mermelada y nutella, el yogur es tipo griego cremoso y nada dulce y el té o café se puede tomar con leche entera, desnatada o de soja.

No obstante, nuestros pinchos de bravas y ali-oli en el césped, con Pablo guardándonos el mejor sitio no tienen nada que envidiarle al Australian Breakfast.

viernes, 21 de junio de 2013

De las vacaciones y otros problemas horarios

La semana pasada terminé el curso, pero entre el trabajo, el voluntariado en el festival de cine y que se marchaba mi vecino a Perth, hasta el lunes no tuve tiempo para pararme a observar lo que se avecina. Y evidentemente el lunes no hice nada, ni siquiera observar.
Me estoy aficionando a los mapas
Después de haber perdido un día a lo tonto (que hay que ver lo que se agradece, oye) me entraron los nervios: tener un horario ayuda a organizarse (nunca pensé que lo diría, con lo que yo he sido) y tener vacaciones con obligaciones sueltas (que si trabaja, que si renueva el visado…) es muy complicado.
Solución: irse de vacaciones de verdad. El plan, un esbozo: alquilar una caravana y conducir hacia el norte, pararnos donde nos apetezca y, como mucho, subir hasta Brisbane, que está a 10 o 12 horas de Sydney.
Para llevar seis meses estudiando eventos, no he aplicado mucho los conocimientos adquiridos, es más, diría que la ley de Murphy es el lema que mejor se adapta a este concepto de vacaciones: si algo puede salir mal, saldrá mal.
Empezando por el tiempo, que le ha dado ahora a Australia (y en particular a Sydney) por enfriarse como si estuviéramos en invierno, ¡qué cosas! Resulta que nos íbamos con la idea de descubrir las mejores playas de la costa Este y me temo que nos tocará verlas con anorak.
Siguiendo por la caravana, que es una gran idea (3 en 1: casa, coche y comida) si te puedes duchar, pero con el frío que hace no creo que utilice esas célebres duchas públicas que dicen que hay en las estaciones de servicio y que mi vecino (el que se ha ido a Perth) se ha encargado de describir como el modo más seguro de ver serpientes en libertad.
Lo que nos creemos que nos espera
Y terminando por el carnet de conducir, que evidentemente no metí en la maleta (¡para qué, si total no voy a conducir en Sydney, que van todos por el lado contrario!) y deja a Hannah, mi excompi de piso como única conductora. Se podría pensar positivamente que por lo menos es inglesa, pero, casualidades de la vida, se sacó el carnet en Alemania con lo cual tampoco tiene la ventaja de conducir por la izquierda.
Para rematar, ayer, antes de publicar este post, me escribieron de la asociación de estudiantes que si quería participar en un seminario de estudiantes internacionales que se celebrará del 8 al 10 de julio. Me lo he pensado, pero ximo me ha terminado de convencer, porque poniendo en la balanza 8 días de vacaciones desorganizadas contra 3 de aburrido seminario no hay color.

Cocina hispano-bengalí

En agradecimiento, le dedico esta foto (a ximo y a quienes, como él, no tienen facebook y no han visto todavía esa obra maestra de la cocina que fue la paella que nos marcamos para despedir a mi vecino, el mismo que se fue a Perth y nos contó lo de las serpientes en las duchas públicas.

viernes, 14 de junio de 2013

A lo loco, a lo loco...

... hay que ver como vive Zosimito.
Me imagino que es lo que pasa cuando uno llega a un sitio nuevo, no tiene nada que hacer, siempre piensa que tiene tiempo libre para todo y al cabo de unos meses se da cuenta de que ha creado una serie de vinculos y tejido una tupida red de contactos que mantener se torna una empresa titanica.


Dejo los rollos y voy al tema. Tengo la sensacion de estar viviendo 3 o 4 vidas a la vez, un poco como le pasaba en Torino a mi compi de curro Andrea: estas dos o tres ultimas semanas han sido freneticas, con el curso aun por terminar (sabre los resultados pronto, pero vamos, esta todo aprobado con nota), los dos trabajos empezados (el de camarero con mucho estres y muchas horas porque habia un festival de luz y color al lado de la Opera y la gente venia a comer y cenar sin parar), el voluntariado en el festival de cine de Sydney (con sus correspondientes invitaciones para ver pelis gratis) mudarme de casa (para ahorrarme los dineros y los disgustos que me daba el casero) y el intento de no olvidarme de tomar nota de todo para el blog.

La foto de las 4 de la tarde
El curso acabo el miercoles, aunque me queda ir a clase el miercoles que viene a ver resultados y demas, y para celebrarlo, a una de mis compis de clase le dio por preparar gelatina con alcohol. Graciosamente confeccionada en vasos de chupito de plastico, asi se presento en clase y despues del ultimo examen empezo la fiesta. Estamos hablando de las 2 de la tarde. Bien, en la foto eran apenas las 4, yo me tuve que ir a las 5 porque hacia de voluntario en el festival de cine, pero ahi seguian todavia bebiendo.
Puede sonar normal, bebian a gran velocidad, pero eso tambien se hace en el pueblo, por ejemplo. Lo que no es normal es la forma que tienen de beber: mezclarlo todo, lo barato con lo caro, alcohol duro con cerveza ycon  la gelatina esa (que debia saber a rayos a juzgar por sus caras...).
En fin, que lo pasamos bien y que nos volveremos a ver el mes que viene.

La terracita donde trabajo
El trabajo de editor de la App (me ocupo de mapear el instituto para que los recien llegados no se pierdan) es muy relajado o yo por lo menos me lo tomo asi... Quiza deberia darle un poco mas de vidilla.
En cambio, los horarios del trabajo de camarero son una odisea porque compatibilizarlo con el voluntariado y las clases es casi imposible, asi que a los jefes no les doy mas que problemas a la hora de cuadrarlo todo. Ya le voy cogiendo el aire a la terraza (ahora que es invierno) y espero darle aun por un tiempo, aunque he descubierto el trabajo que quiero hacer:quiero cortar los tickets en el cine. No es ni siquiera venderlos, ni tampoco hacer de acomodador. Se coloca uno a la entrada del cine, le dan el ticket, lo rompe por la mitad y le indica a la persona en cuestion la sala a la que tiene que ir. Pues vaya mierda de trabajo, pensareis, y no os quito razon, pero cuando le pregunto al chaval que esta trabajando alli que cuanto cobra y me dice que la hora a 21 euros, entonces es cuando alucino.
Y yo que pensaba que de camarero se cobraba bien...


sábado, 8 de junio de 2013

Aquí se come muy bien


Echaba ya uno de menos volver a esos post primigenios que crearon mi estilo, esos post llenos de homenajes velados (como el del título de éste) o directos (como la mención directa de que el título es un homenaje velado, no sé si me explico).
Una de las cosas que más preocupa a la familia de cualquiera cuando uno se va a vivir solo al extranjero es la comida. “Tú estás más delgado, ¿seguro que comes bien?”, “¿Tienes dinero? No me vayas a pasar hambre…”
Paaanes
Creo que ya quedó claro que como, de lo que quiero hablar aquí es de mi pasión por la cocina: el otro día con mi compi de piso, estuvimos haciendo pan, y me di cuenta entonces de que soy un Arguiñano de la vida. Si me dejaran solo en una isla desierta (con cocina y despensa, claro, que una cosa es ser cocinilla y otra Cocodrilo Dundee) podría sobrevivir sin problemas y ni siquiera comería todos los días la célebre “pasta all’estudiante” (pasta con atún y tomate frito).
Todo empezó con 8 o 10 años, con el famoso bizcocho de limón que tanto revuelo causaba en casa (porque cada vez que lo queríamos hacer había que buscar la receta, que estaba apuntada a mano y corregida a base de ensayo-error de la que venía con el libro de la Thermomix), aunque creo que nunca me he atrevido a hacerlo yo solo.
La mejor experiencia de superviviente sería el interraíl, y nuestro descubrimiento generacional de las latas con ketchup, que me haría, al cabo de los años, reflexionar sobre sus posibles variantes, aplicando la mezcla explosiva de guisantes, atún y tomate triturado para crear un excelente relleno de empanadas u hojaldres que también se deja comer bien acompañado del inolvidable pan bimbo.
Del helado de queso, ¡qué decir! Me pondré mi mejor atuendo del Siglo de Oro para afirmar que quien lo probó lo sabe (y fue mucha gente porque se vendía como churros). Y también en Baños, aprendí los secretos pasteleros del abuelo, caramelo, bizcocho, tartas, profiteroles y merengues.
Luego por supuesto me apliqué a la pasta all’uovo, tanto en Turín como en Bruselas, y reconozco que no se nos daba mal, aparte algún que otro agnolotto vacío o apelotonado y de la baja productividad (hasta 8 personas éramos en Bruselas para hacer apenas una porción de pasta rellena por cabeza.
Me dejaré muchas cosas en el tintero, pero recuerdo, y aún aquí lo hago, el batido de aguacate que descubrí en Tetuán y que tanto éxito tiene allá donde se importa (en Sydney juego con ventaja, porque dos de los vecinos franceses son de origen marroquí).
Aún no me he lanzado con la paella, pero eso es porque temo el resultado, que el listón familiar está muy alto cuando hablamos de arroces. Sin embargo el risotto no tiene secretos para mi (y no los tendrá para ninguno si le añadís queso, ese es el truco).
Menos mal que este post lo he escrito a medias por la mañana, después del desayuno, y por la noche, después de la cena, que si no me entraría un hambre de esas que te hacen ver turbio.

Sé que debería hablar del trabajo, de la mudanza, del fin del semestre y de los exámenes, pero no hay prisa, tengo aún muchas semanas, y de vez en cuando le gusta a uno darse el gustazo de cambiar de tema.