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lunes, 28 de octubre de 2013

Uno en dos: Primera Parte

En lugar de escribir una entrada y matar dos pájaros de un tiro, el clásico dos en uno, voy a dividir la entrada de hoy en dos capítulos, porque es fin de semana, porque llevo una semana de retraso y porque tengo bastantes anécdotas que contar (y porque me da la gana, que parece que hay que explicarlo todo, oye).
Llevaba como un mes con la cosa de preparar el evento, que si Bingo por aquí que si Schmingo! por allá, pero sin mucha gana tampoco.  ¿Cómo? Resulta que las guerrillas internas estaban desgastando un poco la ilusión del grupo y mi circunstancia personal tampoco contribuía demasiado, por implicación en varios fregaos que detallo a continuación:
El programa del taller
Me invitaron a un seminario-taller sobre cómo desarrollar posibilidades de prácticas en Sydney para estudiantes internacionales. Lo de siempre, trabajar de gratis para una empresa que luego no te contrata, con el agravante de que aquí no puedes quedarte bajo el estatuto de estudiante en prácticas a menos que las prácticas formen parte del plan de estudios (lo que significa exactamente lo que estáis pensando, que además de trabajar gratis, tienes que pagar las tasas del curso, que como ya os habré comentado son 10 veces más caras que para un estudiante local).
Lo mejor del taller fue el networking; conocí a algunos miembros de TAFE, la escuela en la que estudio, y que nos invitaron a un cocktail en la parte de atrás de la Ópera, que es posiblemente el lugar más increíble de la ciudad para ver el atardecer. Por supuesto, no tengo ni una foto para documentarlo porque “esa cámara tan guapa que tengo” pesa un riñón y da una pereza ir cargado con ella a todos lados que nunca saco buenas fotos.
Tras ello, y con 4 días de antelación, me llaman de TAFE dos veces (una mi profe de derecho, que es responsable de estudiantes internacionales; y otra la mujer que conocí en el taller) para invitarme a un encuentro con el evaluador que va a otorgar el premio a la mejor institución educativa para estudiantes internacionales de Australia: Un almuerzo-presentación de las virtudes de la escuela en el que querían incluir algo exótico como la presencia de estudiantes que verificaran el discurso oficial.
Peliculón: La gran belleza
Posibilidad de meter baza en la charla: menos del 1%. Cuando me preguntaron, contesté lo mejor que pude (sin mencionar la odisea inicial de tener que cambiarme de curso que tan graciosa me parece ahora) y me dediqué a disfrutar de la comida, que el restaurante de la escuela es muy bueno.
Y para rematar, las prácticas en el Festival de Newtown, que son todos los miércoles de 9 a 5, el trabajo en el café-restaurante que es sábados y domingos, el festival de cine italiano (que fui a ver La gran belleza y me gustó mucho), ayudar al resto de compañeros del curso con sus eventos…
Total, que llegó el día del evento y todo lo tranquilos que estábamos todos se nos pasó de golpe con el frenético sprint final... Pero eso es materia de otra postal.

sábado, 24 de agosto de 2013

Vacaciones canguras

Después de un largo silencio y aprovechando que el mes de agosto es muy dado a acoger las vacaciones de quien trabaja, os voy a hablar de las mías. Las he llamado canguras porque más que un road trip aquello parecía una carrera de obstáculos.
Empezando por el alquiler de la caravana, más antigua que el troncomóvil de los Picapiedra pero estable y segura como pocas... aunque arrancar, lo que se dice arrancar no lo hacía facilmente, el contacto estaba manipulao y el giro de la llave tenía su aquel (tan aquel que no habían pasado 20 minutos desde que salimos de Sydney y ya se nos había parado el coche en mitad de la carretera, generando un atasco muy simpático para alegría de los joviales australianos que nos adelantaban por la izquierda sin reparar en la ayuda que pudiera servirnos). Como me imaginaba, las vacaciones dan de sí y percibo que hay muchas cosas que contar, así que en este post me limitaré a hablar del vehículo, que ya con eso tengo para rato.
Nos las prometíamos muy felices al principio...
El segundo episodio fue todo mérito mío (dudoso honor) porque Hannah, la única con el carnet en regla para conducir en Australia me propuso conducir en el interior del primer camping al que llegamos. Pensaría la pobre ilusa, "total, es un circuito cerrado, no se puede ir a más de 10 por hora... ¿qué daño puede hacer?" Pues tan sencillo como ir a aparcar la caravana en una plaza más grande que el Parque del Retiro y al dar la marcha atrás con confianza y sin mirar, golpear la parte trasera contra un árbol.
¡Olé! Una de una. Bueno, no diremos nada que la carraca esta tiene golpes hasta en el carné de identidad, seguro que los de la compañía de alquiler ni se dan cuenta... Y seguimos nuestro camino como si tal cosa.
Siguiente episodio: ya estamos de regreso a Sydney  y en una de las paradas damos con un camping 5 estrellas a muy buen precio. Silvia y Hannah deciden que es el día perfecto para tomarse una cerveza o dos, pero como les sabe a poco quieren ir a comprar más. ¿Cómo hacemos? Si Hannah conduce y da positivo de alcoholemia, malo, si Silvia conduce y da positivo de alcoholemia y además no tiene carné, peor. Pues no pasa nada, ya conduzco yo, que total vamos al super de la esquina, no a dar vueltas por la M-30.
Después de mucha duda y mucho temor salimos para el pueblo, yo por fin conduzco por la izquierda (y tampoco es tan difícil), compramos la cerveza y unos ricos muffins para el desayuno del día siguiente y nos volvemos al camping. Prueba superada, ¡Veis como no pasaba na...! Oh, espera, frena, gira, ¿qué pasa? Un coche de policía cortando el paso de la carretera que lleva al camping.
Más barato hubiera sido esto. #fotosquenovienenacuento
El pánico se apodera de todos y damos una vuelta absurda por los barrios periféricos de Grafton hasta que se impone la cordura. Si lo que hay es un accidente o un corte de la carretera los guardias no se van a poner a pedir el carné, vuelve y pasa aparentando tranquilidad. Dicho y hecho, como si nada, ya estamos en el camping.
Y last but not least (que es la fórmula inglesa de decir por último pero no por ello menos importante, fjate que apañaditos que son, en cuatro palabras) nuestro famoso y verdadero accidente. Como en los mejores tiempos de Camerún, el día antes de llegar a Sydney cometemos un fallo de principiantes: intentar aparcar una caravana de 3 metros en el parking cubierto de Woolworths (equivalente del Mercadona o Carrefour) que por supuesto no llega a los 2,20.
Consecuencia: contusión múltiple a lo largo del techo en forma de arañazo, rotura total del conducto de ventilación delantero y parcial del trasero. Solución y tratamiento: intervención inmediata del servicio de ayuda en carretera para parchear el agujero en el techo (por si llueve), llamada a la compañía de alquiler para avisar del pequeño contratiempo y comienzo de las apuestas sobre el coste total de la broma.
Resultado, en la agencia nos dicen que debemos pagar 2500 dólares porque sí y que si es menos ya nos lo devolverán. ¿Adivináis quiénes llevan un mes y medio esperando noticias de la empresa de alquiler de coches? Por si no ha quedado claro, lo especifico: aun no sabemos nada del precio real de la reparación. Seguiremos informando.
Después de la tormenta siempre sale el sol




miércoles, 31 de julio de 2013

Ya es miércoles de nuevo, ¡y yo con estos pelos!

Ha pasado una semana y parece un mes, que le cunde el tiempo a uno en el invierno que es una maravilla. Empezando porque el mismo miércoles pasado por la noche me fui con los compis del trabajo de karaoke (segunda experiencia si no contamos los karaoke pijama party del apartamento 61) para celebrar el cumpleaños de Sun, pero vamos, que cualquier excusa nos vale para liarla (¿de qué me suena esto?).
Karaoke para todos y algo de comer
Para los que han tenido el dudoso gusto de escuchar mi voz de ruiseñor de los cerros diré en mi descargo (y en adobo) que después de mi segunda canción me regalaron una jarra de cerveza de 1 litro. Y eso que no me desnudé ni nada parecido, si no me hacen dueño del bar fijo.
Y siguiendo por el curso, que se está poniendo interesante desde el principio: ya tengo grupo y actividad, organizaremos una noche temática homenaje a los programas televisivos de los 80 con Bingo, rifa, tómbola y sorteos para recaudar fondos por una buena causa (Asociación Australiana de Cáncer de Colon).
Yo propuse una actividad muy divertida y excitante (una especie de Caza del Tesoro con el Camino de Santiago de telón de fondo, pero aunque prometía, parecía bastante trabajo burocrático (conseguir permisos de todos los distritos, del gobierno local, regional, estatal, nacional, mundial y yo que sé). Pero estoy bien, no lloréis por mí, me desquitaré haciendo de Jordi Estadella o de Joaquín Prat.
Me toca la parte de marketing y buscar sponsors, así que he recuperado el espíritu del networking y voy a intentar atraer a la gente que conocí en el grupo de expatriados cuando llegué-
Y luego está el trabajo, que los compis del restaurante son muy buena onda y nos lo pasamos como podemos (aunque no hemos establecido aún ningún domingo/lunes de camarero, pero todo se andará). Y también el trabajo de la App, que es más aburrido porque estoy yo solo, pero que ya me acerco a finalizarlo.
Además, el voluntariado, que regresa pisando fuerte (el viernes debería despertarme a las 6 de la mañana para uno y no acostarme hasta las 2 de la mañana para el otro, ya os contaré si sobrevivo) con el esperado retonno al pichuco’s australiano.
#fotosquenovienenacuento - la media tortilla
En esta vorágine de actividad compulsiva, un amigo y compañero de voluntariado (Fernando) me ha descubierto uno de los secretos mejor guardados de Sídney. En la Universidad que hay al lado de mi colegio organizan un desayuno para los estudiantes. Lo mejor son muchas cosas: es de calidad, es gratis y no te piden el carnet de estudiante. Se ve que la uni tiene dinero porque el pan es de cultivo orgánico, los cereales también, para untar tienen mermelada y nutella, el yogur es tipo griego cremoso y nada dulce y el té o café se puede tomar con leche entera, desnatada o de soja.

No obstante, nuestros pinchos de bravas y ali-oli en el césped, con Pablo guardándonos el mejor sitio no tienen nada que envidiarle al Australian Breakfast.

viernes, 17 de mayo de 2013

La repesca


Suena un poco a refrito, o a película de serie b, o  a descartes de un álbum, pero es lo que hay. Entre que ando liado y que han vuelto unos cuantos franceses de los que conocí cuando llegué y que se marcharon a los pocos días, me parece que ha llegado la hora de ir atando cabos. Empecemos por aquella historia de la burocracia que dije hace algunos post que os contaría.
Seguro que recordaréis (y si no ya me encargo yo de daros la lata) mi odisea cuando llegué. Bien, pues de entre todas las cosas que me ocurrieron, una fue conseguir el certificado RSA. RSA, o servicio responsable de alcohol, es un cursito que se paga 100 dólares del ala y que es imprescindible para trabajar en casi cualquier empleo relacionado con el turismo y la hostelería (incluidos los eventos). Te hacen un examen al final, pero es con libro y de todas formas, con lo que cuesta la porquería de curso es como para que encima te suspendan. Así que lo aprobé. Y me mandaron un papelito diciendo que tenía que ir a Correos para que me hicieran la tarjeta oficial (la de la foto).
Fui a Correos la primera vez, con todos los documentos de identidad y tarjetas que tengo (porque tienes que demostrar que eres tú con varios documentos por valor de 100 puntos) y me dijeron que no me podían hacer el certificado. Resulta que mis documentos españoles van con dos apellidos, mientras que los australianos solo tienen uno. No es que yo quiera quitarme el segundo apellido, claro, es que en los formularios no hay espacio para poner los dos.
- Pero vamos, que soy yo, no sé si se nota en las fotos – le digo a la dependienta.
- Lo siento, tienes que conseguir 100 puntos pero todos con el mismo nombre – me suelta ella – es la ley.
- Pues esto es todo lo que tengo – contesto un pelín molesto – y no voy a poder conseguir nada más o no lo suficiente para llegar a 100 – concluyo mientras me marcho visiblemente airado (creo que está un poco fuera de lugar aquí, con lo educada y comedida que es la gente).
Autofoto en Hobart, para rellenar #fotosquenovienenacuento
Dejo pasar unos 10 o 15 días y me decido a volver a la carga. Misma oficina de correos y misma dependienta. (oh oh, me digo a mi mismo). Arranco con fuerza:
Vine hace dos semanas a sacarme el RSA y no me dejasteis, he pensado en hablar con mi embajada y pedirles un certificado que garantice que soy la misma persona con un apellido y con dos (nada como tirarse un farol).
- Pero eso no te van a dejar hacerlo - me explica preocupada - y si no tienes 100 puntos nosotros no podemos hacer nada.
- Pues yo más soluciones no encuentro, o voy a hablar con la embajada (la palabra embajada suena bien, a asunto importante) o abandono la empresa de solicitar el RSA.(aquí pienso, esta no se ha enterado de nada, se cree que voy a pedir que me quiten un apellido o algo así, aprovechémoslo) 
- Un momentito, por favor, voy a consultar con el mánager.
Eso significa victoria, pienso yo, porque el supervisor no será tan cuadriculado como para no entenderlo. Y no me equivoco, la mujer sale, me dice que todo bien y me previene. Si alguna vez te controlan, la documentación que tienes que enseñar es la australiana, no la española, recuérdalo.
Por cerrar el círculo, hace 8 o 10 días me dice la profesora del curso: Me han escrito del departamento de comercio de Nueva Gales del Sur de que ya tienen tu RSA, por si quieres pasarte a buscarlo.
Aunque en correos les di mi dirección postal, la tarjeta llega a la consejería de turno. Ahí, si quieres, te pones de acuerdo por correo o telefónicamente para que te la envíen a tu casa en el sorprendente plazo de ¡2 meses! (tardan más que las postales que mandé a España). La otra opción es acercarse a la oficina y recogerlo tú mismo, estilo Juan Palomo.
Menos mal que vivo en el centro y todo me pilla cerca.

jueves, 4 de abril de 2013

Llegó la hora


La hora de cambiar la hora y volvernos locos.
Desde que llegué aquí he querido escribir algo sobre “la pregunta del año”…

¿Qué hora es allí?

El primer mes, vale, lo entiendo, es un follón para todo el mundo (yo incluido) y no pasaba conversación (fuera por la vía que fuera: facebook, skype, teléfono, twitter, whatshapp,  sms, señales de humo…) en la que no apareciera la preguntitaPero después de repetirlo unas cuantas veces, pues ya cada uno se buscó su truco, con mayor o menor resultado.
La Ópera, desde el Puente. #fotosquenovienenacuento

Ay, sin embargo, el pasado 30 de marzo una catástrofe llamó a las puertas de todos los hogares españoles (bueno, y europeos en general). El cambio de hora. Que por cierto, ya hay que tener mala idea para quitar una hora de la Semana Santa (y más concretamente de la noche).

Le faltó tiempo a más de uno, y a más de una, para llamarme y preguntarme de nuevo qué hora es (además de otras cosas como ¿qué tal estás? o ¿cómo era la dirección de tu blog que sigo desde que creaste sin perderme ni una entrada?)

Bueno, pues ahora hay nueve horas de diferencia, porque allí habéis adelantado una hora y aquí os llevábamos 10 de ventaja. Ahora solo nueve. Pero no os lo aprendáis demasiado, porque la semana que viene cambiamos la hora aquí. Y entonces habrá ocho horas de diferencia, porque nosotros vamos hacia el invierno, o sea que restamos una hora

El atardecer desde mi balcón. #fotosquenovienenacuento
.Creo que esta es una de las poquísimas cosas que he entendido de Australia; porque lo de que el retrete gira al revés es una teoría incomprobable (que no falsa), lo de pasar la aduana como ya comenté fue muy sencillo, la burocracia funciona igual de mal (ya os contaré la historia de los dos apellidos) y el otro día alguien intentó explicarme que el recorrido del sol se ve distinto según el hemisferio en el que estés, pero entre que era francés y que me lo explicaba en inglés no me enteré de nada.

Para la semana que viene dejo las segundas partes, que han quedado sueltos últimamente bastantes misterios sin resolver.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La Odisea (o de cómo llegar a Australia creyendo que vas a hacer un curso y acabar haciendo otro)


En resumen, aquí está la aventura épica de lo que me ha ocurrido en mis primeros días aquí.
Uno, que es por naturaleza ingenuo y vive en un país multicolor como la abeja maya (por no hablar de los mundos de yupi) se podría imaginar que al pasar todos los trámites burocráticos a través de una agencia iba a ser todo coser y cantar, pero no.

No, amigo mío, porque aquí también se equivocan (estarán al otro lado y caminarán boca abajo pero son humanos como nosotros, quizá un poquito más surferos) y como en tantas ocasiones, la fortuna se alía con el destino y por una extraña conjunción astral te acaba tocando a ti.

Claro que le pasan estas cosas a la gente que más las busca: como aquella vez que estuve en Croacia y el primer día me perdieron el macuto con todas mis pertenencias o la de olvidarme el pasaporte para salir de Marruecos justo el día antes de actuar en el Festival de Almagro, o el retraso del vuelo a Lisboa que me hizo perder la conexión con Senegal, o la nieve que me dejó tirado unas navidades en Bruselas o la más reciente vez en que perdí en un mismo día el autobús y el tren para ir a Baños.

Como de todas aquellas, de ésta también se sale, con buena voluntad y con optimismo (y según el caso, con una variable cantidad de dinero, que nada de esto es gratis).

El caso es, para dejarme en paz de mapas conceptuales, que yo mandé una petición para hacer un curso, alguien que no tenía potestad para ello la aceptó y a mi llegada, las responsables del curso se pusieron en contacto conmigo para comunicarme que no cumplía los requisitos que permiten el acceso a dicho curso.

La odisea de cambiar de curso, presentar documentación que acreditara mi formación para dicho diploma y demás aún continua, pero si hay algo que veo claro es que, no como Ulises 20 años, pero uno me parece a mi que no me lo quita nadie.