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martes, 28 de enero de 2014

Números



Hoy hace un año que llegué a Sydney. Extraña coincidencia, esta es mi quincuagésimo segunda entrada en el blog. Una por semana. Anda que no ha llovido (en sentido figurado y literalmente) y a la vez, como a menudo ocurre parece que fue ayer.
En este tiempo he acumulado experiencias y vivencias como para escribir un libro (o un blog), encontrado y conocido amigos que volveré o no volveré a ver, adquirido nuevas habilidades y estrategias (aquí lo llaman skills y en el curriculum queda muy bien) pero sobre todo he aprendido inglés, ¡por fin!
No se da uno cuenta de cómo domina un idioma hasta que otra persona se lo dice. Persona que puede uno conocer o no: el último que me dijo que mi inglés era muy bueno fue un australiano borracho la otra mañana en la cafetería (y ya se sabe que los borrachos nunca mienten).
De Supermario en 3 minutos
En lo que respecta a escribir un libro, podría ser una colección de chistes y anécdotas, la última de las cuales es muy graciosa (de nuevo en la cafetería): esto es un chino que llega al restaurante y pide una tortilla de champiñones, el camarero le lleva un bocadillo de lomo por error y cuando regresa para pedir disculpas la situación es la siguiente:
Camarero (con una tortilla en la mano): Disculpe, ha habido un error, usted había pedido una tortilla de champiñones, ¿verdad?
Chino (con medio bocata ya en el estómago): No, si yo ya tengo mi tortilla aquí, no quiero nada más.
Por supuesto a Stephane (el actor en el papel de camarero) le faltó tiempo para venir a contármelo y aguántate la risa delante de los clientes…
De amigos ni empiezo ni acabo porque muchos más vendrán (y ya saben ellos quienes son) y en lo que respecta a los skills el mejor de todos es la capacidad de hacer de voluntario, que tengo más diplomas y camisetas de eventos que apuntes del curso (y eso que lo aprobé con sobresaliente, por si no lo había dicho antes).

Ahora que parece que mi visado se acaba igual me voy a Nueva Zelanda de turismo (que tengo visa para 3 meses) y alargo mi estancia en la otra punta del mundo un poco, pero tiene más pinta de que me volveré, como tarde a mediados de abril, aunque después de un año de reflexión siga sin haber pensado en nada concreto.
Supongo que, paradójicamente, me hacía tanta falta venirme aquí hace un año como falta me hace ahora largarme. 
Al final voy a ser uno de esos, como dice Sabina "porque no quiso ser estatua de sal le llamaban todos culo inquieto"
¡Quién me lo iba a decir!

jueves, 16 de enero de 2014

Otra de las mías



¿Os acordáis del famoso Carlo Rossi?
Para algunos no hará falta más, a los demás os diré brevemente que era un tipo que me pidió 20 euros en Turín para ir a su casa a coger las llaves del gimnasio con la excusa de que era el famoso boxeador Carlo Rossi.
La sala de no-estar





¡Qué ingenuidad! ¡Qué candor! Y ya tenía 20 años, pero el tipo me tongó igual (aunque eso sí, me dejó su reloj, que parecía muy valioso pero era un Carretier fabricado en China o en casa de Rossi.
Después de esta y otras cuantas aventuras similares, cualquiera podría pensar que he aprendido y ya no me timan, pero no es así, sigo creyendo que la gente es buena y me llevo chascos, ¡qué le vamos a hacer!
La última a propósito del piso. Éramos dos a compartir, vino mi ex compañera de piso a pasar unos días, encontró trabajo en la panadería de al lado y decidió quedarse un mes y medio. Intentamos hablar con la casera para que nos dejara ser tres pero el primer acercamiento de posturas salió rana, así que me busqué rápidamente una habitación para pasar un mes.
El agradable jardín, trasero
No os cuento lo difícil que es encontrar algo barato y por breve tiempo, pero os lo imaginaréis. Después de unas cuantas llamadas y mensajes que acabaron en nada y ya con el agua al cuello, me responde un tipo (Helman) que resulta ser español (Germán, supongo), me lleva a ver la casa y me enseña solo el cuarto.
El cuarto no estaba mal del todo, y medio limpio. Pero cuando vi el resto de la casa (obviamente después de haber pagado la fianza) casi me desmayo. De hecho si no lo hice fue por miedo a coger una infección en esa pocilga que el tipo con mucha gracia decía en el anuncio que era “un piso totalmente renovado, y pintado, como nuevo”
Además, el cuarto daba a la vía del tren, por lo que desde las 5 de la mañana había un ensordecedor ruido de trenes pasando por la ventana. Conclusión: que le dije al baranda que yo pasaba del tema y que me iba de allí (y que de paso me devolviera la fianza).
Me dijo que sin problema, y nunca más se supo. Como yo soy un tipo listo, con recursos, le dije a mis amigos que llamaran como interesados en el piso y así me presentaba yo para hablar de lo mío. Resultado: se inventó que había estado de vacaciones y me dio un número al que llamarle para quedar. Entre que no responde y que yo no insisto, seguimos como estábamos.
La cocina. Cucarachas en la nevera que os ahorro
Y ahora, estilo Víctor, os dejo unas fotos de la maravillosa casa, cortesía de Dinah.
El cuarto de baño, totalmente renovado
La repisa para poner el cepillo de dientes, limpísima

jueves, 31 de octubre de 2013

Una en dos: Segunda Parte

 Y llegó el gran día, Bingo Schmingo! Y coincidía con el cumpleaños de mi madre, que por cierto, estuve hablando con ella toda la semana preocupadísimo por si me olvidaba de llamarla con todo el follón. Y ella, como es ella: “no pasa nada, Zó, tu si estás liao a lo tuyo y yo ya me doy por felicitada y hablaremos otro día”. Por supuesto, me acordé, pero vayamos por partes:

La previa
Como en los partidos de fútbol, el día de antes sólo se hablaba de Bingo Schmingo! Llevábamos vendidos a trancas y barrancas unos 80 billetes y cumplíamos justito el mínimo esperado. Además el presentador de la gala nos había dado la semana preguntándonos constantemente detalles sobre su papel e información sobre los juegos y actividades preparadas. Ahí nos pilló el toro, le dimos la información demasiado tarde y poco se pudo hacer para remediarlo.
Como anécdota curiosa, diré que el pollo en cuestión es amigo de una de las integrantes (o miembras) del grupo, que no es la coordinadora pero se ha pasado el semestre intentando serlo, y de ahí que hicieran grupo para criticar el trabajo de la coordinadora (o jefa) y de la responsable de logística.
Como soy muy diplomático, me tocó estar en el medio de la tormenta y si bien logré mantener la amistad con ambas, no tuve tanto éxito a la hora de acercar posturas y enterrar el hacha de guerra. Y como no fumo, ni hablamos ya de la pipa de la paz, claro.
Durante las 48 horas previas al evento, los interesados se multiplicaban y la lista de asistentes no paraba de crecer: el techo era 120 y parecía factible hablar de Sold Out. Y así fue, a las 8 de la tarde, la profesora ordenó cerrar la taquilla. La función podía comenzar.

El gran día
Pero antes, un poco de preparación. Llegamos a las tres de la tarde a colocar la sala, en la bolera que habíamos alquilado, de todo menos facilidades, y la peña pasando de nosotros. El caso es que preparamos una serie de mesas y sillas que acogían a 90 personas y añadimos algo más a los lados, hasta llegar a 100. Obviamente, a las 7 de la tarde, con los asistentes llegando en masa, nos tocó sacar más mesas y más sillas y preparar last minute todo lo necesario.
Saludando al personal
Por fortuna se nos ocurrió poner en las mesas unos cubos de Rubik como parte de la decoración (la idea del bingo era que fuese muy ochentero) y tuvimos a la gente entretenida destrozando los cubos hasta las ocho y media que empezó el show. Con la correspondiente media hora de retraso, como los buenos conciertos de rocanrol.
Y empezó la fiesta, y era estresante porque teníamos que recuperar el tiempo perdido, y el presentador era muy salao, pero un poco lento y aquello tenía pinta de que no se iba a resolver y en el descanso decidimos eliminar un juego y cuando regresamos no nos hizo caso y de mala manera tocó recortar los bingos y en el último tuvimos dos ganadores y luego la rifa, que había 10 premios y aquello parecía interminable.
Y para rematar, a la “coordinadora en la sombra” le dio por sacarnos a todos al escenario a saludar y marcarse un discurso de agradecimiento cuando ya estábamos 15 minutos por encima del final previsto y la mitad de la gente ya se había marchado de sus asientos. Y tras esta lamentable imagen, todo terminó

Pero la profe nos dijo que había estado bien, o sea, que no suspendo!

After party
Caput, capitis, claaaro
Tras el éxito a recoger y, si nos queda fuerza nos vamos de juerga. Venga, hecho, ¡vamos a darle vida! Total que me emociono para retirar mesas y sillas lo más rápido posible y en un clamoroso fallo de cálculo me estampo contra una puerta de cristal. Valiente imbésil.
Eso sí, aquí son de un exagerado que da miedo, llamando a la ambulancia y todo, como si esto fuera yo que sé.
Para vuestra tranquilidad, el golpe, en lugar de dejarme tonto (más de lo que estoy es imposible) me ayudó a recordar el cumpleaños de mi madre, ahí entendí por qué se dice caer en la cuenta y se acompaña con una palmadita en la frente.
Por supuesto, nada de fiesta, a casita a dormir y mañana será otro día.

miércoles, 16 de octubre de 2013

EnCasillaDos

El otro día escribí el post más divertido de la historia de los blogs (o blogues) porque me quedé tirado en la calle después del trabajo sin llaves de casa y como único entretenimiento tenía el móvil. Fíese usted de las nuevas tecnologías... Por supuesto todo lo que escribí se perdió en el agujero negro digital donde van todos los documentos buenos que tienen la suerte o desgracia de no ser guardados en el disco duro. Podríamos hablar del aborto digital pero tampoco estoy tan enfadado como para escribir una tesis al respecto.
Los compis de clase, ayudando en la difusión #fotosquenovienenacuento
Lo que contaba entonces, con mucha más gracia que ahora, era la incómoda situación de quedarme sin llaves de casa dos días seguidos y la mala suerte de vivir con nada más que otras 3 personas (posiblemente lo único que echo de menos de mi casa en el centro es que se podía entrar a cualquier hora con o sin llaves).
El caso es que la primera semana en mi nueva morada me deparó una serie interminable de eventos en el centro y los alrededores de Sydney, por lo que tampoco he tenido tiempo para descubrir el barrio.
Si a eso le sumamos el ajetreo del mes de octubre con el evento y el voluntariado en el Festival de Newtown el resultado es que lo único que he ganado con el cambio son unas piernas duras como el acero, porque me paso el día cruzando el Harbour Bridge en bicicleta (de momento despacito y viendo como todos los demás ciclistas me superan sin despeinarse mientras yo sudo como un pollino).
Creo que también contaba en el post que nunca publicaré algo sobre la quinceañera situación de que una chica brasileña me diera su numero de teléfono escrito en un papelito a la salida del autobús, sobre el excelente paquete de productos italianos que me agencié en el Festival de Cine Italiano (Barilla, Lavazza, y tantas otras marcas de similar caché) y la posible visita del próximo viernes al equipo de fútbol de Sydney, con la intención de echarme una foto con Alessandro Del Piero.
La reflexión, visto que el post de entonces trataba de nuevo desgraciados avatares de mi vida, es que estoy encasillado, tanto como Antonio Resines (o su alter ego Carlos Escaño) y tanto como empanadillados estaban aquellos cómicos. Y la moraleja es que las entradas más divertidas son las que se escriben en el momento, sin darle muchas vueltas (por cierto, estupenda excusa para dilatar mis posts semanales).
Oíiiii, fijaT!

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Precaución, amigo conductor!

Llevo 2 semanas utilizando la bicicleta que me prestó Fernando hace 3 meses. Me ha costado, pero lo he conseguido. Y ahora voy en bici a todos lados (menos al cole, que está tan cerca de casa que me daría vergüenza sacar la bici).
Es como un retorno a la infancia, porque con la broma de conducir por la izquierda es como si estuviera aprendiendo a montar en bici otra vez. Con diferencias propias del país, debido a la austral fijación por la seguridad: me he comprado un casco, uso el chaleco reflectante por la noche y el otro día fui a un simpático lugar donde puedes arreglar la bici gratis y le puse un reflector rojo en la parte de atrás.
Fumando la pipa de la paz
De paso, un señor australiano, muy afable y apañao me arregló la cadena, porque no el cambio no funcionaba y ahora me parece que voy en coche, va la bicicleta de maravilla, ¡oiga! Justo a tiempo para afrontar el cruce del puente cuando me mude.
Otro de los sucesos semanales ha sido la rave party del sábado pasado. Los cuatro jinetes del apocalipsis que son mis compañeros de piso irlandeses celebraban la última semana de uno de sus amigos, que regresa al Reino Unido (tantos kilómetros y una misma reina…) y decidieron hacerlo a lo grande: sábado 4 de la tarde, la fiesta comienza con música y cervezas (una caja de 24 tercios). Empiezan a llegar los amigos y las cajas de birras se multiplican. Apenas las 9 de la noche, diez personas y cada uno llevará 3 litros de cerveza por lo menos; más tabaco, lo que no es tabaco y otras golosinas por el estilo.
En ese momento yo me voy al bar de Pichuco que me toca barra (por cierto, una fiesta muy curiosa de un colectivo de lesbianas moteras con espectáculo de lap dance) y a mi regreso a casa a las 2 de la mañana me sorprendo viendo restos de sangre en la cocina y huesos de pollo en el cuarto de baño: Los chavales, que se han peleado de broma y que no sueltan el pollo de Kentucky ni para …
Ojo a la moqueta que resbala
Yo me voy a la cama, que al día siguiente trabajo. Ellos regresan hacia las 4 con poca gana de dormir, así que se salen al balcón, encienden la música y a seguir bebiendo (whiskey, cerveza o lo que se tercie) y saltando encima de uno que se queda dormido en el suelo (versión buñuelo). Por lo visto les dieron las 10 y las 11.
Cuando volví, a las 6 de la tarde del domingo, seguían durmiendo como angelitos, el lunes fue muy duro para los que trabajaban (son todos albañiles, menos uno que es fontanero) y uno está de baja porque se rompió el hombro por una zancadilla de broma. Me reconocieron, aún algo ebrios, que se engancharon una mierda de quinceañeros.

Y a mí, con tanto regreso a la infancia me ha salido una espinilla. Va a ser cierto que los 30 son los nuevos 15. 

sábado, 21 de septiembre de 2013

Unas prácticas muy prácticas

¡Ya estoy de vacaciones!
Y vosotros diréis, ¿otra vez? Pero, ¿qué pasa? ¿En Australia no se estudia o qué?
Tienen por aquí un sistema escolar que prevé dos semanas de vacaciones entre cada evaluación y dos grandes bloques de vacaciones entre cada semestre.
Yo de momento he tenido vacaciones breves en Abril, cuando vino Pepe y nos fuimos a Tasmania, vacaciones largas en invierno (verano español) cuando nos fuimos de tournée en caravana y las de ahora, que son breves.
De momento no he preparado nada más que una posible visita de uno o dos días a Canberra, porque el evento se acerca y me toca buscar sponsors. Además, el miércoles pasado empecé las prácticas en el Festival de Newtown.
Un poco de publicidad del Festival
El Festival es una pasada. Lleva funcionando 35 años y es una de esas pequeñas ideas que nacen de una comunidad desfavorecida que cree en la solidaridad, empieza con un picnic para los vecinos y acaba reuniendo 80000 personas en el parque, 300 chiringos de comida, artesanía y vida sana, 4 escenarios con música, baile y performances... En fin, uno de los eventos del año en la ciudad.
Y ahí dentro he acabado yo, un poco de rebote, porque una compañera de clase sugirió mi nombre cuando la organizadora comentó que les hacía falta otra persona. El Festival es el 10 de noviembre, así que después del evento, que está previsto para el 25 de octubre, no voy a tener tanto descanso como me parecía.
El poster, sin los sponsors, claro
A propósito del evento para el curso, ya tenemos el póster oficial, hecho por una compañera del grupo que es diseñadora gráfica y de estas cosillas algo entiende. Ahora nos toca vender los tickets para que vengan 120 personas, ¿quién se apunta a venir a Australia a finales de octubre?
Por otro lado, me estoy preparando para grandes cambios, dejo el edificio que me ha acogido durante los últimos ocho meses en literas chirriantes con compañeros de todo tipo (desde mandango hasta el traficante de galletas coreanas, que por cierto todavía se acuerda de mi y nos trae bolsas llenas de galletas cada 3 semanas) por una casa en el barrio norte, pasado el puente de la bahía.
Aún quedan muchas cosas por hacer y la mudanza no será hasta el 7-8 de octubre, pero cambio el bullicioso centro y las convenientes ofertas del barrio chino por la tranquilidad de la vida de barrio australiana, con su parquecito para hacer barbacoas y sus vistas de la Ópera desde el otro lado del puente.
Me llevo la bicicleta, que intentaré convertir en mi medio de transporte preferido, y ya he medido lo que tardo en llegar a los sitios: media hora al colegio, 45 minutos a las prácticas de Newtown y 1 hora al Pichuco's australiano donde sigo de voluntario de vez en cuando.
Si la uso de verdad voy a echar unas piernas que ni Eddy Merckx, porque ¡menudas cuestas hay en Sydney!
La Ópera, desde el otro lado


viernes, 13 de septiembre de 2013

Multitasking

Está de moda, dicen, eso de ser multitasking: Lo que viene siendo polivalente y capaz de simultanear tareas. Aunque se diga que los hombres no son capaces de hacer dos cosas a la vez, el célebre requisito del multitasking es indispensable y poco a poco se va imponiendo.
Mi primer capuccino
Hasta uno, que hace poco pensaba que no era capaz de gestionar dos proyectos simultáneamente (me refiero a mi mismo) se da cuenta de que puede y entonces llega el abuso: como puede con el curso de eventos, empieza a trabajar en una cafetería restaurante (que la vida está muy cara), por si eso no bastara, se apunta a hacer unas prácticas en el Festival de Newtown (por fin algo que tiene que ver con mis estudios, ya lo contaré con detenimiento próximamente) y para rematar se apunta uno al curso de barista para aprender a hacer cafés (bien sé yo lo que me lo hubieran agradecido Matías y David el año pasado en el Salu).
De todas formas, tampoco soy tan multitasking como parece, porque ahora mismo estoy intentando escribir esta nueva entrada mientras veo Batman, el caballero oscuro en inglés con mis compañeros de piso y ni me estoy enterando de la película ni sé muy bien de lo que estoy hablando aquí.
Y todavía me queda tiempo para salir por ahí: no de fiesta, que uno ya tiene una edad y hay que cuidarse, pero si a tomar algo con los compañeros del trabajo en uno de los bares de moda de Sydney: O Bar.
Lástima de cámara de fotos...
Es un elegante y distinguido local en el piso 47 de uno de los rascacielos del distrito centro  (CBD, como dicen aquí). Lo que tiene de particular es que el edificio es circular y la zona del restaurante gira alrededor del bar, para que pueda uno echarse una foto con el puente de fondo.
Un capricho que no se puede uno permitir todos los días, porque la broma cuesta un ojo de la cara (menos mal que el zumo de piña no es muy caro en ningún sitio, aunque la calidad sea discutible.
Y por último, para cerrar el repaso de la semana, el examen de contabilidad, que me ha salido bastante bien la verdad y que ha puesto la guinda a una semana de entregas y de actividad académica loquísima. La semana que viene acabamos con el papeleo y empezamos con la promoción del evento en sí. Como aperitivo, os dejo aquí el logo del evento más esperado de Sydney desde las olimpiadas.

viernes, 14 de junio de 2013

A lo loco, a lo loco...

... hay que ver como vive Zosimito.
Me imagino que es lo que pasa cuando uno llega a un sitio nuevo, no tiene nada que hacer, siempre piensa que tiene tiempo libre para todo y al cabo de unos meses se da cuenta de que ha creado una serie de vinculos y tejido una tupida red de contactos que mantener se torna una empresa titanica.


Dejo los rollos y voy al tema. Tengo la sensacion de estar viviendo 3 o 4 vidas a la vez, un poco como le pasaba en Torino a mi compi de curro Andrea: estas dos o tres ultimas semanas han sido freneticas, con el curso aun por terminar (sabre los resultados pronto, pero vamos, esta todo aprobado con nota), los dos trabajos empezados (el de camarero con mucho estres y muchas horas porque habia un festival de luz y color al lado de la Opera y la gente venia a comer y cenar sin parar), el voluntariado en el festival de cine de Sydney (con sus correspondientes invitaciones para ver pelis gratis) mudarme de casa (para ahorrarme los dineros y los disgustos que me daba el casero) y el intento de no olvidarme de tomar nota de todo para el blog.

La foto de las 4 de la tarde
El curso acabo el miercoles, aunque me queda ir a clase el miercoles que viene a ver resultados y demas, y para celebrarlo, a una de mis compis de clase le dio por preparar gelatina con alcohol. Graciosamente confeccionada en vasos de chupito de plastico, asi se presento en clase y despues del ultimo examen empezo la fiesta. Estamos hablando de las 2 de la tarde. Bien, en la foto eran apenas las 4, yo me tuve que ir a las 5 porque hacia de voluntario en el festival de cine, pero ahi seguian todavia bebiendo.
Puede sonar normal, bebian a gran velocidad, pero eso tambien se hace en el pueblo, por ejemplo. Lo que no es normal es la forma que tienen de beber: mezclarlo todo, lo barato con lo caro, alcohol duro con cerveza ycon  la gelatina esa (que debia saber a rayos a juzgar por sus caras...).
En fin, que lo pasamos bien y que nos volveremos a ver el mes que viene.

La terracita donde trabajo
El trabajo de editor de la App (me ocupo de mapear el instituto para que los recien llegados no se pierdan) es muy relajado o yo por lo menos me lo tomo asi... Quiza deberia darle un poco mas de vidilla.
En cambio, los horarios del trabajo de camarero son una odisea porque compatibilizarlo con el voluntariado y las clases es casi imposible, asi que a los jefes no les doy mas que problemas a la hora de cuadrarlo todo. Ya le voy cogiendo el aire a la terraza (ahora que es invierno) y espero darle aun por un tiempo, aunque he descubierto el trabajo que quiero hacer:quiero cortar los tickets en el cine. No es ni siquiera venderlos, ni tampoco hacer de acomodador. Se coloca uno a la entrada del cine, le dan el ticket, lo rompe por la mitad y le indica a la persona en cuestion la sala a la que tiene que ir. Pues vaya mierda de trabajo, pensareis, y no os quito razon, pero cuando le pregunto al chaval que esta trabajando alli que cuanto cobra y me dice que la hora a 21 euros, entonces es cuando alucino.
Y yo que pensaba que de camarero se cobraba bien...


sábado, 8 de junio de 2013

Aquí se come muy bien


Echaba ya uno de menos volver a esos post primigenios que crearon mi estilo, esos post llenos de homenajes velados (como el del título de éste) o directos (como la mención directa de que el título es un homenaje velado, no sé si me explico).
Una de las cosas que más preocupa a la familia de cualquiera cuando uno se va a vivir solo al extranjero es la comida. “Tú estás más delgado, ¿seguro que comes bien?”, “¿Tienes dinero? No me vayas a pasar hambre…”
Paaanes
Creo que ya quedó claro que como, de lo que quiero hablar aquí es de mi pasión por la cocina: el otro día con mi compi de piso, estuvimos haciendo pan, y me di cuenta entonces de que soy un Arguiñano de la vida. Si me dejaran solo en una isla desierta (con cocina y despensa, claro, que una cosa es ser cocinilla y otra Cocodrilo Dundee) podría sobrevivir sin problemas y ni siquiera comería todos los días la célebre “pasta all’estudiante” (pasta con atún y tomate frito).
Todo empezó con 8 o 10 años, con el famoso bizcocho de limón que tanto revuelo causaba en casa (porque cada vez que lo queríamos hacer había que buscar la receta, que estaba apuntada a mano y corregida a base de ensayo-error de la que venía con el libro de la Thermomix), aunque creo que nunca me he atrevido a hacerlo yo solo.
La mejor experiencia de superviviente sería el interraíl, y nuestro descubrimiento generacional de las latas con ketchup, que me haría, al cabo de los años, reflexionar sobre sus posibles variantes, aplicando la mezcla explosiva de guisantes, atún y tomate triturado para crear un excelente relleno de empanadas u hojaldres que también se deja comer bien acompañado del inolvidable pan bimbo.
Del helado de queso, ¡qué decir! Me pondré mi mejor atuendo del Siglo de Oro para afirmar que quien lo probó lo sabe (y fue mucha gente porque se vendía como churros). Y también en Baños, aprendí los secretos pasteleros del abuelo, caramelo, bizcocho, tartas, profiteroles y merengues.
Luego por supuesto me apliqué a la pasta all’uovo, tanto en Turín como en Bruselas, y reconozco que no se nos daba mal, aparte algún que otro agnolotto vacío o apelotonado y de la baja productividad (hasta 8 personas éramos en Bruselas para hacer apenas una porción de pasta rellena por cabeza.
Me dejaré muchas cosas en el tintero, pero recuerdo, y aún aquí lo hago, el batido de aguacate que descubrí en Tetuán y que tanto éxito tiene allá donde se importa (en Sydney juego con ventaja, porque dos de los vecinos franceses son de origen marroquí).
Aún no me he lanzado con la paella, pero eso es porque temo el resultado, que el listón familiar está muy alto cuando hablamos de arroces. Sin embargo el risotto no tiene secretos para mi (y no los tendrá para ninguno si le añadís queso, ese es el truco).
Menos mal que este post lo he escrito a medias por la mañana, después del desayuno, y por la noche, después de la cena, que si no me entraría un hambre de esas que te hacen ver turbio.

Sé que debería hablar del trabajo, de la mudanza, del fin del semestre y de los exámenes, pero no hay prisa, tengo aún muchas semanas, y de vez en cuando le gusta a uno darse el gustazo de cambiar de tema.

jueves, 30 de mayo de 2013

Trabajo(s) o las desgracias nunca vienen solas



Es una lástima que Elisabeth y Charles no puedan venir (y no me refiero a la Reina y al Príncipe de Inglaterra si no a sus españolas y castizas versiones) pero las desgracias nunca vienen solas. 
El panda de LostOnCampus
Lo que he descubierto en estos últimos días es que el dicho no es tan negativo como parece, al contrario, las desgracias vienen acompañadas de y reemplazadas por buenas noticias; en mi caso con perspectivas de trabajo (ya era hora) que se vislumbran en el horizonte cercano.
El martes fui a una sesión formativa para convertirme en Campus Editor  que suena muy bien y quiere decir que voy a estar unas 5 o 6 semanas recorriéndome los edificios del College  y tomando notas y fotos de ellos para enviar toda la información a los desarrolladores de una App para móviles que se llama Lost on Campus (muy útil para los que llegan de nuevas y no saben dónde están las clases y las oficinas). Si os la queréis descargar es la que tiene un oso panda como icono.
La App del buen rollo
El trabajo parece fácil, y lo mejor de la sesión del viernes es que nos regalaron un llavero de oso panda que tiene un botón que le ilumina los ojos como si fuera una linterna y le hace emitir un  gruñido bastante inquietante. También nos dieron de comer gratis y nos dijeron que nos pagarían las horas de formación como si fueran de trabajo. Todo ello en regla, con papeles y firmas.
Y  hoy recién regreso de un trial como camarero en una panadería/cafetería del centro. He estado tres horas llevando y trayendo platos y cafés y les he debido gustar o les hará falta gente, porque me han llamado para que vuelva mañana. Las condiciones del pago son mas vagas en este caso (vamos que el tipo no me ha dicho ni si voy a cobrar ni cuánto) y como trabajadores del sitio tenemos un descuento del 50% si queremos comer allí durante la pausa.
Así las cosas, de aquel post en el que suspendía el apartado trabajo he pasado a recuperar con nota (o al menos eso parece, no lancemos las campanas al vuelo) y además justo cuando el curso ya casi se ha acabado y me quedan nada más que 3 exámenes y 2 trabajos para terminar.
La panadería cafetería donde quizá trabajaré.
Mientras tanto, para no perder la costumbre, sigo voluntarieando siempre que puedo (la última fue en la feria del libro, una experiencia muy formativa que además parece que traerá buenas recomendaciones, ¡¡yuju!!) y participando en la asociación de estudiantes (de hecho lo de campus editor me salió a través de ello).
Me da la sensación de que últimamente tengo poco tiempo para escribir post y acabo contando muchas cosas mezcladas en poco espacio (no sé si será más entretenido o más aburrido, ya me contaréis) y cambio de tema sin preocuparme mucho de enlazar las cosas.
En fin, cambiando de tema, estoy mirando casas para cambiarme, pagar menos, y de paso tener un casero más decente que se preocupe de tener la casa presentable, porque la nuestra ha estado, por orden:
2 meses sin aspirador
4 meses con una nevera que funcionaba como un congelador
2 semanas casi sin luces en la entrada y la cocina y
 desde que he llegado con la puerta del baño rota (la cerramos encajando una toalla vieja)
Y a todo esto yo llevo 10 o 15 días sin llave del portal, (me la perdió un compi de piso, pero el cachondo no me ha dado la suya). Así que, para entrar, tengo que llamar al telefonillo o colarme con algún vecino (y como la llave está programada para que te lleve solo a tu planta, bajarme en la planta del vecino y tomar las escaleras para llegar a mi piso, es como jugar al escondite conmigo mismo).
La verdad, no sé si cambiarme, porque echaré de menos esto y no tendré historias que contar en el blog… ya veremos.