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domingo, 9 de febrero de 2014

Tres en uno


Eso es lo que le va a hacer falta a mi cuerpo como siga a este ritmo: trabajar, salir de fiesta, despedir a los amigos que se marchan, acoger a los que llegan, conquistar el karaoke, mudarme de casa (¿otra vez?), bailar salsa (¡¡Qué!!), comer por ahí, preparar la cena para 8 o 10, asistir a todos los eventos en el college, buscar trabajo, pedir referencias, ir a Melbourne y la Great Ocean Road, perseguir al tipo ese que me tongó con el piso compartido, organizar una escapada en furgoneta, echarnos un ping-pong en casa de Stephane, preparar el viaje a Nueva Zelanda, o Cairns, o Adelaide o el desierto o donde quiera que sea, ir a los cruceros de camarero (cada vez menos), trabajar en la cafetería (cada vez menos), hacer de voluntario (cada vez menos), conocer los alrededores (cada vez más), Newcastle, las playas del Norte y las del Sur (Palm Beach, Jervis Bay…), escribir el blog…
Con todo esto, ¿quién puede reflexionar sobre el futuro?¿ Y más aún, quien se quiere volver a España cuando se le acabe el visado? Lo mismo un mesecito más, de turista, me quedo, ya veremos cómo.
Escribiendo este post me siento muy musical, así que os dejo unas canciones que me gustan:
Sabina, porque este post se parece un poco a la canción...
Esta porque nunca seré un cantante, ni aprenderé a tocar la guitarra (pero eso es de familia)
Y esta por hacer el post un poco más internacional, y porque no siempre se crece como a uno le gustaría.

jueves, 26 de diciembre de 2013

La comuna



No sé si tendrá que ver algo el hecho de que mi familia paterna tenga un hotel, o el que mi abuela materna se pasara los inviernos preparando tortillas para un regimiento (entre primos, parientes, amigos y allegados) cuando se iban a esquiar a la sierra de Madrid, o que en mi casa desde pequeñitos siempre tuviéramos familia y amigos que se quedaban a dormir o la suma de todo ello; sea como fuere, el caso es que soy muy hospitalario.
Siempre lo he sido, por ejemplo en Turín cuando vinieron los chicos del barrio a la casa de los pitufos, o en Baños cuando medio Madrid vino a pasar las fiestas y mi tío bautizó el piso con el título de este post.
Ahora, que vivo en un espacio pequeño y bastante limitado de recursos me temía que no habría sido capaz de organizar las navidades, sin embargo esta Nochebuena 6 personas cenamos en casa y 5 nos quedamos a dormir.
Hannah y Cristina, ex compañeras de piso que se marcharon hace unos meses y me avisaron de que regresarían por Navidad, se presentaron con dos amigos, Dinah desde Melbourne y Chris desde Francia para unirse a la fiesta.
Afortunadamente la confianza da asco y fueron ellas las que cocinaron porque la primera sorpresa de la Nochebuena fue que me tocó trabajar por la mañana en el café y la cachonda de la jefa decidió que iba a ser un día tranquilo así que le dio libre a casi todo el personal. Total, que desde las 7 de la mañana a las cinco y media de la tarde estuve metido en la cafetería.
Mientras, las chicas hicieron la compra, prepararon el menú y decidieron el lugar de la cena (que no era otro que el jardín del que ya os hablé, donde tenemos una mesa grande tipo picnic o merendero). Pasta fresca hecha en casa y tiramisú para desafiar a las circunstancias.
Cómo consiguieron prepararlo en una casa que carece de mesa para estirar la masa, de olla para hervir la pasta y de cafetera para preparar el café es un misterio que aún hoy se me escapa, por mucho que lo viera con mis propios ojos.
Pero si ya se junta con que Dinah se trajo la guitarra y Chris nos confesó que tocaba en dos grupos antes de venir, la fiesta solo podíamos acabarla cantando Wonderwall como en el Karaoke (o incluso peor).
Se veía venir la lluvia, y el 25, que queríamos ir a la playa de barbacoa, amaneció el diluvio. A pesar de todo, fuimos a casa de los amigos de un amigo de un amigo, que organizaron una barbacoa navideña muy simpática. Echamos la tarde y nos volvimos a casa a ver una peli porque con la que estaba cayendo, no teníamos el cuerpo como para mucha celebración.
Bien como experiencia, pero eché de menos la clásica e interminable partida de mus con los primos.

martes, 10 de diciembre de 2013

Las oportunidades

“A veces, esperando, las oportunidades no se ven”

Quería haber escrito el post esta mañana pero no tuve tiempo. Por la tarde fui a la asociación de estudiantes porque aún tengo que entregar unos papeles para que me den un certificado y la responsable me hizo la pregunta del millón. ¿Qué piensas hacer ahora?
En estos días, con el regreso de Hannah, estoy acariciando la idea de otro road trip, esta vez con destino a Melbourne, y con un poco de suerte sin coche destrozado y consiguiente penalización. Sería en febrero porque diciembre y enero los pasaré en Sydney, ahorrando para este y otros posibles viajes y disfrutando los eventos que se avecinan: los fuegos artificiales de fin de año y el concierto del día de Australia (que trae a lo más granado del panorama musical, o por lo menos a los que están dispuestos a venir hasta Australia).
La pregunta iba con segundas, porque lo que quería saber la mujer era si yo estaría disponible para un par de propuestas: ejercer de “embajador” y glosar a los nuevos estudiantes las ventajas y posibilidades de participar en la asociación de estudiantes, participar en el comité que organiza las jornadas de  y ganarme unos dineros empaquetando el regalo de bienvenida de los nuevos estudiantes (una bolsa con un diario, un bolígrafo, un llavero-linterna – esta fue idea mía – y un bloc de post-it).
Y de paso intentar venderme los cursos de Tafe que podría hacer si decido prolongar mi estancia con otro visado de estudiante. Muy interesantes, para qué nos vamos a engañar, pero más interesante sería que me saliera un trabajito bueno como el de Daniel, de lunes a viernes, de 10 a 14, que me pagaran 2500 al mes…
Hay quien dice que van a Roma...
Sin embargo, lo que encuentro son voluntariados marchosos, en los que no me pagan pero me lo paso bien, los dos últimos son, el pasado fin de semana en el parque olímpico con motivo de las carreras de V8 Supercars, que incluían una gran variedad de coches que no sabría distinguir (parecidos a Fórmula 1, parecidos a coches de Rally, parecidos a los Micro Machines…
Hubiera sido más divertido sin tener que trabajar porque me habría podido quedar el fin de semana viendo todas las carreras (aunque eso me hubiera costado perder al menos un 60% de capacidad auditiva) o el madrugón no me habría costado un susto como el que tuve en el tren (que me olvidé el móvil en el asiento y me fui tan contento a casa, suerte que es cutre y está roto, porque gracias a eso lo encontraron en la estación siguiente y lo pude recuperar).

Y el mega evento que todos estábamos esperando, ¡¡Fin de Año!! Me han ofrecido estar en el punto informativo el día 31 por la mañana y a cambio me dan una entrada para ver los fuegos artificiales en primera fila, en la tribuna  reservada para la gente que paga. A ver si lo grabo en vídeo.

viernes, 4 de octubre de 2013

El tiempo, de su pérdida y de sus caprichosos cambios

Hoy voy a hablar del tiempo
¿Otra vez de vacaciones? ¿Cómo vives? Pues, honestamente, tampoco tan bien, porque llevo dos semanas de sol y calor en las que no he pisado la playa. Y por si fuera poco, el único día que tenía libre lo dediqué a la mudanza.
Me ocurrió como aquella vez que fui a Bondi: había quedado con mi nueva compañera de piso para que me diera las llaves en la puerta de su trabajo, puse la dirección en google maps y me acordé de lo que quise. Estación de St Leonards, sales y giras a la derecha, hasta que llegas al cruce con Oxley St, sencillísimo.
Primer error, como se puede ver en la imagen, no hay que girar a la derecha, a menos que uno salga de la estación de St Leonards antes de llegar a ella. Resumiendo, que me fui hasta más allá del hospital a las 12 de la mañana bajo un sol de justicia hasta que acepté que había caminado por demasiado tiempo.
¿Qué le hace a uno tomar estas decisiones? Posiblemente influya el hecho de que a la salida de la estación había una plaza grande, que eso ya desubica, o que, como en las películas el camino correcto implicaba subir una cuesta, mientras el giro equivocado era un agradable paseo sobre el llano, con parquecito incluido.
O quizás el calor extremo, que me nubló las entendederas.
Pensaréis que aquí acaba todo. Pues no, apenas dos días después nos reuníamos los del grupo del bingo, para organizar el evento en la bolera que hemos alquilado para la ocasión. Premisa: estoy harto de pasar por ahí, porque el bar de Pichuco queda justo enfrente.
Primer error (o segundo) tomar el autobús equivocado. Solucionable si me hubiera bajado a tiempo, pero lo hice una parada después. Y entonces, en lugar de desandar el camino como haría cualquier persona que no sabe dónde está, me dio por aventurarme a "buscar un atajo". No me preguntéis qué camino escogí, si torcí a la derecha o a la izquierda, si norte o si sur, porque cuando me bajé del autobús llovía a mares (segundo o tercer error como imaginaréis es no llevar paraguas ni chubasquero alguno). Consecuencia de este espontáneo temporal fue que ningún osado peatón salió a pasear al perro o comprar la prensa, por lo que mi atajo se convirtió en un interminable infierno...
Hasta que amainó y encontré a dos ciclistas. Con su Iphone me indicaron lo que hacer (para mí que me hicieron dar un rodeo porque tardé en llegar 20 minutos, pero tampoco estaba yo como para desobedecer las órdenes supremas de Google Maps.
Por último la esperada mofa atmosférica, tras más de media hora de intensa tormenta, apenas llego a la bolera para de llover. En Italia me llamarían Fantozzi.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Precaución, amigo conductor!

Llevo 2 semanas utilizando la bicicleta que me prestó Fernando hace 3 meses. Me ha costado, pero lo he conseguido. Y ahora voy en bici a todos lados (menos al cole, que está tan cerca de casa que me daría vergüenza sacar la bici).
Es como un retorno a la infancia, porque con la broma de conducir por la izquierda es como si estuviera aprendiendo a montar en bici otra vez. Con diferencias propias del país, debido a la austral fijación por la seguridad: me he comprado un casco, uso el chaleco reflectante por la noche y el otro día fui a un simpático lugar donde puedes arreglar la bici gratis y le puse un reflector rojo en la parte de atrás.
Fumando la pipa de la paz
De paso, un señor australiano, muy afable y apañao me arregló la cadena, porque no el cambio no funcionaba y ahora me parece que voy en coche, va la bicicleta de maravilla, ¡oiga! Justo a tiempo para afrontar el cruce del puente cuando me mude.
Otro de los sucesos semanales ha sido la rave party del sábado pasado. Los cuatro jinetes del apocalipsis que son mis compañeros de piso irlandeses celebraban la última semana de uno de sus amigos, que regresa al Reino Unido (tantos kilómetros y una misma reina…) y decidieron hacerlo a lo grande: sábado 4 de la tarde, la fiesta comienza con música y cervezas (una caja de 24 tercios). Empiezan a llegar los amigos y las cajas de birras se multiplican. Apenas las 9 de la noche, diez personas y cada uno llevará 3 litros de cerveza por lo menos; más tabaco, lo que no es tabaco y otras golosinas por el estilo.
En ese momento yo me voy al bar de Pichuco que me toca barra (por cierto, una fiesta muy curiosa de un colectivo de lesbianas moteras con espectáculo de lap dance) y a mi regreso a casa a las 2 de la mañana me sorprendo viendo restos de sangre en la cocina y huesos de pollo en el cuarto de baño: Los chavales, que se han peleado de broma y que no sueltan el pollo de Kentucky ni para …
Ojo a la moqueta que resbala
Yo me voy a la cama, que al día siguiente trabajo. Ellos regresan hacia las 4 con poca gana de dormir, así que se salen al balcón, encienden la música y a seguir bebiendo (whiskey, cerveza o lo que se tercie) y saltando encima de uno que se queda dormido en el suelo (versión buñuelo). Por lo visto les dieron las 10 y las 11.
Cuando volví, a las 6 de la tarde del domingo, seguían durmiendo como angelitos, el lunes fue muy duro para los que trabajaban (son todos albañiles, menos uno que es fontanero) y uno está de baja porque se rompió el hombro por una zancadilla de broma. Me reconocieron, aún algo ebrios, que se engancharon una mierda de quinceañeros.

Y a mí, con tanto regreso a la infancia me ha salido una espinilla. Va a ser cierto que los 30 son los nuevos 15

viernes, 30 de agosto de 2013

Vacaciones - Segunda parte

Dicen que nunca fueron buenas, por eso empecé mi relato de las vacaciones con todas las desgracias (quien dice desgracias dice desventuras, tampoco seamos ahora negativos). Hoy os hablo del viaje de ida.
En nuestro escasamente planificado viaje (y decir escasamente es decir mucho) nos encontramos con varios problemillas y descubrimos que la improvisación es el mejor aliado del viajero.
Lo más cerca que estuve de bañarme en el Pacífico
Punto número uno, preparando la mochila el último día, por la noche y sin reparar en la climatología prevista se corre el riesgo de llevar demasiada ropa de invierno (os recuerdo que aquí el invierno dura de junio a septiembre) y no contar siquiera con el bañador y la toalla. Pues bien, NUNCA olvides el bañador en Australia, no subestimes jamás el poder del solecito costero. En nuestra primera parada, Port Stephens 25ºC y un sol espléndido, y sólo pude mojarme los pies.
Caminante, no hay camino
Por fortuna, Port Stephens ofrece además las dunas de arena más grandes del Hemisferio Sur (y nos dijo el simpático guía que siguen creciendo y en 20 años alcanzarán los 45km), de la cual (arena, se entiende) se nutren las playas de Hawai y Bali, que la compran al por mayor. Y ¡qué mejor que practicar sandboarding! Una actividad simple que se basa en tirarse por una duna con una especie tabla de surf/snow y acabar lleno de arena hasta donde os podéis imaginar. La idea es genial, no cuesta mucho dinero y las vistas desde lo alto de la duna son una pasada (si tienes suerte hasta puedes ver ballenas migrando hacia el norte) así que nos tiramos por la duna 5 o 6 veces y luego echamos una buena hora y media de fotos y paseo duna arriba, duna abajo. Moraleja: Hannah, que es inglesa, parecía un cangrejo... Estos guiris no saben tomar el sol.
Y después de tanto sandboarding, y tanta duna de arena y tanto sol nos fuimos a un bonito mirador que cae cerca de Nelson Bay, que sería como si dijéramos la cabeza de partido de la región de Port Stephens para contemplar el paisaje e intentar capturar en una instantánea la magia de aquel lugar. Misión imposible, hay que verlo.
Sandboarding o de cómo llenarse el culo de arena en el desierto
Después de un día completito y de una ducha tan necesaria como merecida nos encaminamos a la próxima parada, Port Macquarie, pero antes tocaba hacer noche y para ahorrarnos el camping nos detuvimos en un área de descanso (que tienen baños y a veces grifo para repostar agua) a cenar y pasar la noche. Allí un simpático borrachín del lugar nos ofreció un estofado exquisito que Hannah no sé bien por qué se empeñó en no comer (y casi convence a Silvia con un argumento insostenible, propio de novela de Agatha Christie, algo así como "no acepto nunca comida de extraños, ¿y si está envenenada?"). Pero mejor, porque así tocamos a más.
Podría empezar ahora con Port Macquarie pero entre que es verano y son las fiestas de Baños prefiero redactar una entrada breve y proceder por partes o capítulos.
¡Viva San Ramón!

sábado, 24 de agosto de 2013

Vacaciones canguras

Después de un largo silencio y aprovechando que el mes de agosto es muy dado a acoger las vacaciones de quien trabaja, os voy a hablar de las mías. Las he llamado canguras porque más que un road trip aquello parecía una carrera de obstáculos.
Empezando por el alquiler de la caravana, más antigua que el troncomóvil de los Picapiedra pero estable y segura como pocas... aunque arrancar, lo que se dice arrancar no lo hacía facilmente, el contacto estaba manipulao y el giro de la llave tenía su aquel (tan aquel que no habían pasado 20 minutos desde que salimos de Sydney y ya se nos había parado el coche en mitad de la carretera, generando un atasco muy simpático para alegría de los joviales australianos que nos adelantaban por la izquierda sin reparar en la ayuda que pudiera servirnos). Como me imaginaba, las vacaciones dan de sí y percibo que hay muchas cosas que contar, así que en este post me limitaré a hablar del vehículo, que ya con eso tengo para rato.
Nos las prometíamos muy felices al principio...
El segundo episodio fue todo mérito mío (dudoso honor) porque Hannah, la única con el carnet en regla para conducir en Australia me propuso conducir en el interior del primer camping al que llegamos. Pensaría la pobre ilusa, "total, es un circuito cerrado, no se puede ir a más de 10 por hora... ¿qué daño puede hacer?" Pues tan sencillo como ir a aparcar la caravana en una plaza más grande que el Parque del Retiro y al dar la marcha atrás con confianza y sin mirar, golpear la parte trasera contra un árbol.
¡Olé! Una de una. Bueno, no diremos nada que la carraca esta tiene golpes hasta en el carné de identidad, seguro que los de la compañía de alquiler ni se dan cuenta... Y seguimos nuestro camino como si tal cosa.
Siguiente episodio: ya estamos de regreso a Sydney  y en una de las paradas damos con un camping 5 estrellas a muy buen precio. Silvia y Hannah deciden que es el día perfecto para tomarse una cerveza o dos, pero como les sabe a poco quieren ir a comprar más. ¿Cómo hacemos? Si Hannah conduce y da positivo de alcoholemia, malo, si Silvia conduce y da positivo de alcoholemia y además no tiene carné, peor. Pues no pasa nada, ya conduzco yo, que total vamos al super de la esquina, no a dar vueltas por la M-30.
Después de mucha duda y mucho temor salimos para el pueblo, yo por fin conduzco por la izquierda (y tampoco es tan difícil), compramos la cerveza y unos ricos muffins para el desayuno del día siguiente y nos volvemos al camping. Prueba superada, ¡Veis como no pasaba na...! Oh, espera, frena, gira, ¿qué pasa? Un coche de policía cortando el paso de la carretera que lleva al camping.
Más barato hubiera sido esto. #fotosquenovienenacuento
El pánico se apodera de todos y damos una vuelta absurda por los barrios periféricos de Grafton hasta que se impone la cordura. Si lo que hay es un accidente o un corte de la carretera los guardias no se van a poner a pedir el carné, vuelve y pasa aparentando tranquilidad. Dicho y hecho, como si nada, ya estamos en el camping.
Y last but not least (que es la fórmula inglesa de decir por último pero no por ello menos importante, fjate que apañaditos que son, en cuatro palabras) nuestro famoso y verdadero accidente. Como en los mejores tiempos de Camerún, el día antes de llegar a Sydney cometemos un fallo de principiantes: intentar aparcar una caravana de 3 metros en el parking cubierto de Woolworths (equivalente del Mercadona o Carrefour) que por supuesto no llega a los 2,20.
Consecuencia: contusión múltiple a lo largo del techo en forma de arañazo, rotura total del conducto de ventilación delantero y parcial del trasero. Solución y tratamiento: intervención inmediata del servicio de ayuda en carretera para parchear el agujero en el techo (por si llueve), llamada a la compañía de alquiler para avisar del pequeño contratiempo y comienzo de las apuestas sobre el coste total de la broma.
Resultado, en la agencia nos dicen que debemos pagar 2500 dólares porque sí y que si es menos ya nos lo devolverán. ¿Adivináis quiénes llevan un mes y medio esperando noticias de la empresa de alquiler de coches? Por si no ha quedado claro, lo especifico: aun no sabemos nada del precio real de la reparación. Seguiremos informando.
Después de la tormenta siempre sale el sol




miércoles, 24 de julio de 2013

Informe semanal

Le pasan a uno tantas cosas en una semana que nunca se sabe por donde empezar. Si no me creeis, intentadlo, ya vereis.

En esta semana me he dado cuenta del tipo de post que mas me gusta publicar en el blog: las entradas-balance. Me gustan tanto que a veces no tengo siquiera elementos, distancia y perspectiva para hacer un balance pero lo hago de todas formas. Eso debe ser muy posmoderno, me imagino.
El motivo de mi reflexion sobre el blog que llevo lo ha ocasionado una recomendacion en LinkedIn: Pablo, un creador y artista grafico que conoci en Bruselas me envia una recomendacion (endorsement) de blogging, o sea que soy bloguero. Pues me ha hecho mucha ilusion.
Y ya que estamos de recomendaciones, a mi me gustaria recomendarle a todo el mundo los grupos de whatsapp. A lo mejor no vale cualquier grupo, pero los que yo tengo son geniales. Lo que mas me gusta de los grupos de whatsapp es entrar una vez por semana y descubrir que El canalillo tiene 348 mensajes no leidos y el Martes loco 97 (es normal, porque en uno hay 200 miembros y en el otro 5 o 6). Oye, me paso 10 o 15 minutos sin parar de reir, a veces por bromas o referencias que no entiendo hasta que acabo de leer todos los mensajes.
En otro orden de cosas y por continuar el repaso de la semana os confesare que si aun no teneis noticias de las vacaciones y no he publicado fotos del viaje en caravana del que tanto hable hace ya un mes o mas, eso se debe a que el ordenador no me funciona muy alla y estoy pendiente de que me lo formatee o revise o arregle (o lo que sea que le haga falta) un amigo de mi compi de piso. Y preparaos porque hay viaje para 3 o 4 posts por lo menos.
Relacionado con esto, os hago una confesion: en ocasiones escribo el blog desde la biblioteca. El lector avezado ya se habra dado cuenta. Se trata de entradas en las que no aparece esa letra tan nuestra que es la n con una rayita encima y, sobre todo, carecen de acentos (pero creo que ya pedi perdon por ello en otra ocasion).
Continuando con el repaso, subrayo que ya he vuelto al cole, y tiene pinta de que este semestre va a ser duro y va a irse volando. El evento que organizaremos esta vez es una noche de Bingo ambientada en los programas de la tele de los 80 (que contenta estaria Delia participando en este revival a la australiana del 'Un, dos, tres' o de 'La ruleta de la fortuna'.
Por lo demas, novedades familiares que muchos conoceis y otros muchos no, asi que no revelo (porque Informe Semanal no es Gente ni el Tomate).
Y nada mas...

viernes, 28 de junio de 2013

De los marchosos objetos inanimados

Si al final lo mio va a ser la escritura… (iba a decir la literatura, pero eso es ya pretender demasiado, supongo). Me contactaron de la Asociacion de estudiantes, los mismos que me han ofrecido el trabajo de mapear el campus para la app de Iphone, por si me apetecia escribir un articulo en la revista trimestral que editan y como os estareis imaginando, no les iba a decir que no.
Me dejaron elegir tema, asi que escogi la recension o, mejor dicho, la presentacion de un libro de algun escritor de habla hispana que tengan en la biblioteca. (Claro, ya esta, lo mio va a ser la escritura sobre la literatura).

Pero no voy a hablar de esto hoy, solo queria mencionarlo para que no se me olvide contaroslo, asi que paso al tema que nos ocupa, que ya va tocando. 
El martes pasado subi a la torre Westfield, mas conocida como el Ojo de Sydney (Sydney Eye Tower). Subi por el morro porque Hannah, la conductora de primera que nos lleva de excursion, trabaja alli y, ya antes de llegar, pensaba para mis adentros “ya tengo tema para el blog de esta semana”. Una vez alli, me puse a hacer fotos como un loco, pero como soy poco precavido, me lleve la tablet (o el tablet) en vez de la camara buena. Y como le paso a Gorbachov en Rusia, “al principio bien, pero luego regular”.



Darling Harbour y alrededores hacia las 6 de la tarde
Hice grandes fotos de Sydney desde lo alto por la tarde noche, pero sacarme un retrato con la ciudad de fondo parecia una mision imposible: si la foto es con flash yo salgo pero la ciudad no y si la foto es sin flash se ve la ciudad iluminada pero yo me quedo oscuro (culpa del mirador, que no tiene luz apenas, para que no moleste el reflejo del cristal.
Cuando, vencido y desolado, caminaba hacia el ascensor para emprender el descenso a la cotidiana realidad de la ciudad, un fogonazo de luz ilumino mi mente (y nunca mejor dicho, porque se trataba de la linterna de mi movil).

Para los que lo conocen, mis disculpas, porque con este tema soy muy pesado, pero es que tengo un movil de ultima generacion que riete tu del Hayfon, del Hachetece y de todos los demas. Es un nokia que me agencie en Bruselas alla por 2008 (pero ya era un modelo antiguo) y que ha visto mas mundo que la maleta de Willy Fogg.
No iba a glosar las loas de mi movil, pero lo voy a hacer: la bateria dura varios dias, no horas, la alarma suena aunque tengas el movil apagado, se me ha caido 10000 veces y aun funciona, la linterna me salvo la vida en varias ocasiones (y no solo a mi) cuando fui a Camerun y ademas de todo eso llama y manda mensajes. Una joya.
Pues bien, se me ocurrio que podia utilizar la magica a la par que desagradable luz de la linterna de mi movil para iluminarme a mi mismo (es por eglio, oglie) y asi conseguir salir en la foto y mantener la vista de la ciudad detras.
Claroscuro #fotosquenovienenacuento
Lo mejor de todo esto no es la foto, ni el recuerdo que te genera cuando la miras, lo mejor fue que una pareja de japoneses cuarentones se puso a hacer exactamente lo mismo en el ventanal de al lado. Para los que dicen que no estoy a la moda, ahi me teneis, creando tendencia.

Nota para los criticos: la ausencia de acentos no es una eleccion garciamarqueziana, es que estoy en la biblioteca y el teclado ingles no tiene mas tilde que e’sta.


viernes, 21 de junio de 2013

De las vacaciones y otros problemas horarios

La semana pasada terminé el curso, pero entre el trabajo, el voluntariado en el festival de cine y que se marchaba mi vecino a Perth, hasta el lunes no tuve tiempo para pararme a observar lo que se avecina. Y evidentemente el lunes no hice nada, ni siquiera observar.
Me estoy aficionando a los mapas
Después de haber perdido un día a lo tonto (que hay que ver lo que se agradece, oye) me entraron los nervios: tener un horario ayuda a organizarse (nunca pensé que lo diría, con lo que yo he sido) y tener vacaciones con obligaciones sueltas (que si trabaja, que si renueva el visado…) es muy complicado.
Solución: irse de vacaciones de verdad. El plan, un esbozo: alquilar una caravana y conducir hacia el norte, pararnos donde nos apetezca y, como mucho, subir hasta Brisbane, que está a 10 o 12 horas de Sydney.
Para llevar seis meses estudiando eventos, no he aplicado mucho los conocimientos adquiridos, es más, diría que la ley de Murphy es el lema que mejor se adapta a este concepto de vacaciones: si algo puede salir mal, saldrá mal.
Empezando por el tiempo, que le ha dado ahora a Australia (y en particular a Sydney) por enfriarse como si estuviéramos en invierno, ¡qué cosas! Resulta que nos íbamos con la idea de descubrir las mejores playas de la costa Este y me temo que nos tocará verlas con anorak.
Siguiendo por la caravana, que es una gran idea (3 en 1: casa, coche y comida) si te puedes duchar, pero con el frío que hace no creo que utilice esas célebres duchas públicas que dicen que hay en las estaciones de servicio y que mi vecino (el que se ha ido a Perth) se ha encargado de describir como el modo más seguro de ver serpientes en libertad.
Lo que nos creemos que nos espera
Y terminando por el carnet de conducir, que evidentemente no metí en la maleta (¡para qué, si total no voy a conducir en Sydney, que van todos por el lado contrario!) y deja a Hannah, mi excompi de piso como única conductora. Se podría pensar positivamente que por lo menos es inglesa, pero, casualidades de la vida, se sacó el carnet en Alemania con lo cual tampoco tiene la ventaja de conducir por la izquierda.
Para rematar, ayer, antes de publicar este post, me escribieron de la asociación de estudiantes que si quería participar en un seminario de estudiantes internacionales que se celebrará del 8 al 10 de julio. Me lo he pensado, pero ximo me ha terminado de convencer, porque poniendo en la balanza 8 días de vacaciones desorganizadas contra 3 de aburrido seminario no hay color.

Cocina hispano-bengalí

En agradecimiento, le dedico esta foto (a ximo y a quienes, como él, no tienen facebook y no han visto todavía esa obra maestra de la cocina que fue la paella que nos marcamos para despedir a mi vecino, el mismo que se fue a Perth y nos contó lo de las serpientes en las duchas públicas.

viernes, 14 de junio de 2013

A lo loco, a lo loco...

... hay que ver como vive Zosimito.
Me imagino que es lo que pasa cuando uno llega a un sitio nuevo, no tiene nada que hacer, siempre piensa que tiene tiempo libre para todo y al cabo de unos meses se da cuenta de que ha creado una serie de vinculos y tejido una tupida red de contactos que mantener se torna una empresa titanica.


Dejo los rollos y voy al tema. Tengo la sensacion de estar viviendo 3 o 4 vidas a la vez, un poco como le pasaba en Torino a mi compi de curro Andrea: estas dos o tres ultimas semanas han sido freneticas, con el curso aun por terminar (sabre los resultados pronto, pero vamos, esta todo aprobado con nota), los dos trabajos empezados (el de camarero con mucho estres y muchas horas porque habia un festival de luz y color al lado de la Opera y la gente venia a comer y cenar sin parar), el voluntariado en el festival de cine de Sydney (con sus correspondientes invitaciones para ver pelis gratis) mudarme de casa (para ahorrarme los dineros y los disgustos que me daba el casero) y el intento de no olvidarme de tomar nota de todo para el blog.

La foto de las 4 de la tarde
El curso acabo el miercoles, aunque me queda ir a clase el miercoles que viene a ver resultados y demas, y para celebrarlo, a una de mis compis de clase le dio por preparar gelatina con alcohol. Graciosamente confeccionada en vasos de chupito de plastico, asi se presento en clase y despues del ultimo examen empezo la fiesta. Estamos hablando de las 2 de la tarde. Bien, en la foto eran apenas las 4, yo me tuve que ir a las 5 porque hacia de voluntario en el festival de cine, pero ahi seguian todavia bebiendo.
Puede sonar normal, bebian a gran velocidad, pero eso tambien se hace en el pueblo, por ejemplo. Lo que no es normal es la forma que tienen de beber: mezclarlo todo, lo barato con lo caro, alcohol duro con cerveza ycon  la gelatina esa (que debia saber a rayos a juzgar por sus caras...).
En fin, que lo pasamos bien y que nos volveremos a ver el mes que viene.

La terracita donde trabajo
El trabajo de editor de la App (me ocupo de mapear el instituto para que los recien llegados no se pierdan) es muy relajado o yo por lo menos me lo tomo asi... Quiza deberia darle un poco mas de vidilla.
En cambio, los horarios del trabajo de camarero son una odisea porque compatibilizarlo con el voluntariado y las clases es casi imposible, asi que a los jefes no les doy mas que problemas a la hora de cuadrarlo todo. Ya le voy cogiendo el aire a la terraza (ahora que es invierno) y espero darle aun por un tiempo, aunque he descubierto el trabajo que quiero hacer:quiero cortar los tickets en el cine. No es ni siquiera venderlos, ni tampoco hacer de acomodador. Se coloca uno a la entrada del cine, le dan el ticket, lo rompe por la mitad y le indica a la persona en cuestion la sala a la que tiene que ir. Pues vaya mierda de trabajo, pensareis, y no os quito razon, pero cuando le pregunto al chaval que esta trabajando alli que cuanto cobra y me dice que la hora a 21 euros, entonces es cuando alucino.
Y yo que pensaba que de camarero se cobraba bien...


jueves, 25 de abril de 2013

The visitor


A Pepe, porque ha venido aquí a hablar de mi blog

Y vino Pepe, el día 18, y se marchó esta tarde (una semanita ha estado el pollo, menudo palizón). Ha sido su visita como uno de esos personajes que aparecen en las novelas aproximadamente en la página 100 para que el lector no se aburra.
No me voy a poner sentimental, baste decir que tenía vacaciones y por lo tanto, el momento idóneo para una visita. El plan, como siempre, era tan perfecto como improvisado:
-          Vamos a Tasmania, que tengo un asunto pendiente con el diablo, me dijo por facebook
-          Pues vamos, le contesté.
Y en dos días nos hemos gastado como 400 euros por barba, durmiendo en el hostal más cutre (pero no el más barato) y combinando ofertas de supermercado con cafés y restaurantes de lo más barato para las comidas.
Eso sí, subimos a Mount Wellington, que está cerca de Hobart (la capital de Tasmania). Un pico a 1200 m en el que había nieve y unas vistas sobre la isla que tenían una pinta excelente, aunque no las hemos probado.
También visitamos la histórica localidad de Richmond, “un parque temático” como la definió Pepe o un hermoso entorno que corre el riesgo de convertirse en caricatura de sí mismo, como dice la guía de Australia (¿por qué no le hicimos caso?).
Los artistas, después del baile
Pero no solo de Tasmania vive el hombre, y Pepe es un hombre, como demuestra su foto del Muro de Facebook que no publicaré aquí para no pedirle los derechos de autor o que me lleve a juicio. Y también fuimos en las Blue Mountains. Si veis las fotos que hay en google seguro que os gustan. Las nuestras no tanto, porque llovía a mares y había niebla (si, amigos, hemos tenido una climatología envidiable en todas nuestras salidas. Un clásico.
Eso sí, nunca olvidaremos el espectáculo que nos ofreció un grupo de aborígenes bailando la danza del canguro y la del emú. Y de esto no hay fotos que para eso nos gastamos 60 dólares en las Blue Mountains, quien quiera verlos (y bailarlos) que venga y se lo pague, ea!
Por supuesto, también le enseñé Sydney: la ópera, el puente sobre la bahía, el paseo playero de Bondi a Cogee, los acantilados de Watson Bay, los eventos a los que me apunto y que tanto disfruta criticando…
Y él me descubrió los McDonalds, KFC, Hungry Jack’s (el primo australiano del Burger King); en fin, los secretos de supervivencia de un viajero en la 3ª ciudad más cara del mundo. Y me diréis, con razón: “podíais comer en casa, que es más sano y más barato”. Pues sí, pero creo que una palabra lo resume todo: Mandango. Ya lo explicaré mejor en otro post.
Debajo del puente
Su personal odisea, si la mía fue con el curso y la inscripción, fue con los Bancos, que no le dejaban sacar dinero con ninguna de las miles de tarjetas que se había traído. Tras intentarlo en 5 cajeros distintos nos decidimos a entrar en un banco a pedir explicaciones. No fueron muy satisfactorias aunque quizá tenga algo que ver el hecho de que entrara en la sucursal comiendo galletas de las más baratas y bebiendo un sucedáneo de batido de vainilla que acabó tirando a la basura.
Para acabar, y resumiendo todo lo que se puede, os diré que Pepe no es el que era. Solo salimos un día, el segundo (el primero hubiera sido muy duro por el jet lag).
Los que le conocen no darán crédito. ¿Cómo es posible que solo hayamos salido una noche? Quizá no exista un único motivo así que voy a intentar enumerar las posibles causas:
Mount Wellington, o cualquier otro sitio del mundo
-          En los primeros días, y debido a su inexplicable interés por hacer turismo (muy distinta de aquella vez en Bonn, cuando tuve que arrastrarlo a la casa de Beethoven para ver algo de la ciudad) le hice pegarse unos madrugones históricos que entre el jet lag y salir por la noche provocaron la derrota total en Hobart. El domingo nos acostamos a las 9 de la noche (también porque no había un solo bar abierto).
-          En 6 horas bailando como descosidos: bajo la lluvia, sobre el escenario, en la pista de baile, al lado de la barra, camino del baño… consiguió espantar a un número récord de gente (me refiero a grupos de chicas en su mayoría asiáticas) con sus provocativos movimientos de tiburón nocturno.
-          En 6 horas bebiendo cerveza descubrió que el Ivy funciona como Wall Street porque le cobraban siempre un precio distinto aunque persistiera en pedir “the cheapest beer”
-          Y la madre de todas las razones, si estuvo bebiendo cerveza 6 horas y consiguieron cobrarle hasta 4 precios distintos, no queremos ni saber cuánto se gastó. Pero una cosa es segura, esa parte de la experiencia no le gustó un pelo.
 Y no me enrollo más, aunque sí me gustaría recordar nuestras aventuras escondiéndonos del casero, alias chino culeiro (al que se supone que tengo que pagar 50 dólares por noche si alguien se queda a dormir) que fracasaban siempre. El tipo llegó a pillarnos 3 veces y la evolución de su mosqueo era para haberle hecho una foto. Lástima que hoy no haya venido a despedirse.
Ah, vimos al demonio de Tasmania, pero la foto me ha salido movida porque no paraba quieto el bicho, así que os dejo con otro Koala (os recuerdo que es una especie protegida, no se puede abrazar).
Pepe a lo Michael Jackson

jueves, 18 de abril de 2013

Animaladas

Pajaritos por aquí #fotosquenovienenacuento
Bajo el influjo de la marcha de Mariana y Aleksandra (vecinas y compañeras de aventuras canguras) decidimos que con los inquietantes marsupiales no habíamos tenido bastante y que había que pasar a la siguiente fase. El koala. Y no me refiero al hortera ese que cantaba, sino al tierno y dormilón osito de peluche que tan famoso se hizo gracias a Mofly.
Podíamos haber ido al zoo, pero eso sería trampa (demasiado fácil y demasiado caro para mis expectativas y mi presupuesto) así que decidimos ir a una reserva natural que salía en la guía. Se trata de un parque nacional situado un poco más allá de Morisset, siempre dirección Newcastle (de la serie “si algo sale bien, para qué cambiarlo”).


Donde está Wall(ab)y 
Pues claro, como diría Pumares, segundas partes nunca fueron buenas (por eso no se hizo la del Rey Pasmado) y lo que nos encontramos en Blackbutt Reserve fue lo siguiente: una especie de zoo en pequeñito y en gratuito (por lo menos era gratis) con todos los animales enjaulados y lo que es peor, generalmente escondidos, dormidos o, como mucho, comiendo de modo que verlos de frente es casi imposible y no os quiero contar ya si queremos sacarles una foto.

Y aunque el protagonista debería ser el koala, no quiero dejar de hablar del esquivo ualabí (o wallabi) que es como un canguro pero en pequeño y por supuesto de mi superfavorito: El desafortunado y nunca bien ponderado wombat.
Wombat persiguiendo al pavo real (uh pavo real!)
El pobrecito es una especie de jabalí chiquitito más feo que todas sus muelas y que debe ser primo hermano del diablo de Tasmania. Pero claro, le pasa lo que al patito feo, que como es feo, a nadie le interesa y nosotros acabamos encontrándolo de casualidad cuando ya nos marchábamos de la reserva. Y será que uno le coge cariño a los marginales o que la visita no fue lo esperado, el caso es que tengo más fotos del wombat que de la Ópera de Sydney (y ya es decir).

Volviendo a Blackbutt Reserve, podemos decir que es un entorno idílico, en medio de la nada (es decir, que no había nada más que hacer y al cabo de una hora habíamos terminado) y además estábamos rodeados de toda la chavalada, porque parece ser que es el lugar perfecto para celebrar cumpleaños y fiestas varias. Y los australianos, preparadísimos, con tartas, canapés, empanadas y kilos de carne para hacer una barbacoa, su deporte favorito.

El consuelo de los pobres, léase estudiantes, es pensar, bueno, por tan solo 4,50 dólares (en el zoo de Sydney cuesta 20 o 30) podemos acariciar a un koala, y por supuesto hacernos una foto para el recuerdo. Una de esas fotos que le vienen muy bien a uno, por ejemplo para poner en el blog.
Otros elementos accesorios fueron el clima (regular, llegó a chispear), los horarios de los trenes (no los miramos bien y nos tocó esperar una hora al tren de vuelta) y el picnic (muy completo y bien organizado, dos bocadillos por cabeza, fruta, zumo, patatas fritas...) Igualito que en Morisset.