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jueves, 8 de mayo de 2014

¿Quién me ha robado el mes de abril?

Habré sido yo mismo, y no sé vosotros, pero yo tengo la sensación de que el tiempo ha volado. Aunque en un segundo momento y reflexionando bien, han ocurrido un puñao grande de cosas en este mes:
Llámalo regreso, ocio o como quieras, el caso es que no he dormido en mi casa de Madrid más de 3 días seguidos desde el año 2012.

Lo de 2013 se entiende, estaba en las antípodas, pero regresé hace ya casi dos meses y no he parado quieto: múltiples visitas al pueblo, vacaciones de Semana Santa en Barcelona, Cáceres, Sevilla... Y aún tengo pendiente bajarme a Cádiz y Badajoz, (lo siento muchísimo... para que luego digan que la familia es lo primero). ¡Y eso sin contar las propuestas de irme a Italia, Francia, Bélgica o Inglaterra!
Si me pagasen por viajar ya lo habría dejado, pero como de momento es un hobby (aunque más parece un vicio o una adicción), ahí sigo.
En este mes, robado por el tiempo y la falta de planificación o proyecto, me he encontrado muchas cosas: la moda del selfie, las dietas de gimnasio para ponerse tó mazao (una cosa es descubrirlas y otra seguirlas, y para mí, con descubrirlas tengo bastante), la playa de Fenals, las sinopsis de cine, la profunda conexión piltráfica con Baños de Montemayor, la vuelta de las alergias primaverales (que desaparecieron en Australia), la dolce vita vallecana, la pasión por el fútbol en vez del rugby o el criquet, la siestecita en Linneo, mis escasas dotes de diseñador gráfico, el curioso auge de Tinder, la prosa de Chaves Nogales, los viajes en blablacar, la archiconocida y jamás antes por mí visitada Feria de Sevilla, bebés que nacen en esta década (a los que sacaré ya 30 años). Y, por encima de todo, el reencuentro. Pues sí, se ha pasado volao.
Quizá el descanso ha sido bueno, aunque no haya sido tal y tal vez ahora, cuando ha dejado de importarme que me pregunten a cada minuto "¿Qué planes tienes?" "Y ahora ¿qué?" "¿Has encontrado algo?
Sólo ahora empiezo a ser yo quien se propone estas preguntas. Me toca, poquito a poco, ver si éstas u otras son las adecuadas y tras ello el calmado y tonificante camino hacia la respuesta... o la alternativa, o el rechazo, o la siguiente pregunta, o el comodín del público.

viernes, 14 de marzo de 2014

Vacaciones en el trópico

Y eso que sería tentador poner vacaciones en el mar, pero creo que ya utilicé la espléndida banda sonora de tan fundamental teleserie en una entrada anterior, así que no conviene repetirse.
No debería contarlo, pero con el tiempo libre que tengo en Cairns estoy escribiendo este post que programaré para que se publique la semana que viene, trucos del bloguero (que yo apenas he usado, ojo).
Resumiendo, Cairns, la segunda ciudad más grande de Queensland es un pueblo pesquero/playero muy tranquilo (menos por las noches, que arman unas fiestas estilo ibiza para mochileros en las que parece que la gente no ha bebido alcohol nunca) que cuenta en sus alrededores con paraísos como Port Dounglas o los bosques tropicales.
Pero resulta que además es el punto de arranque de la mayor concentración de corales que hay en la Barrera coralina, aunque para verlos te recomiendan cruzar a Green Island, que es lo que hice. Tomé un barco con el suelo de cristal y grabé los vídeos que podéis ver aquí.
En la tranquilidad del albergue, donde podemos conectarnos a internet gracias a la recepción me he dedicado a subirlos y ahora toca incluirlos aquí.
Y os voy a dejar, que empieza la peli (en el albergue ponen una diaria, hoy nos toca "Amazing Spiderman"


miércoles, 5 de marzo de 2014

Australia en el corazón

Australia en el corazón tiene un marcapasos que sobresale aproximadamente 350 metros, llamado Uluru por los aborígenes y conocido y popularizado como Ayers Rock por las compañías turísticas que empezaron a explotarlo.
Para llegar hasta allí me subí en un avión directo a Alice Springs. Uno ve el mapa de Australia y piensa que eso queda cerca pero hay unos 600 km, lo que supone, si se contrata un tour organizado,  tres dias y dos noches de viaje en autobus con parada en Kings Cayon, Ayers Rock y Las Olgas.
¡Qué bien! Pese a no tener el carnet voy a poder cruzar el desierto en vehículo (un minibus de 20 plazas). Y así pasa la primera hora, o mejor dicho, el primer cuarto de hora y a la excitante experiencia le sucede la majestuosa monotonía del paisaje.


Me han dicho muchas cosas sobre este viaje,  que si no te lo pierdas, que si total para qué, que si es muy caro, que si te marchas sin verlo te arrepientes, en fin, de todo. Pero yo me quería venir al desierto desde que llegué o incluso desde antes, así que me vine porque sí.
Quizá porque uno es muy viajado, o muy romántico,  tiene una idea del desierto que se parece más al Sáhara o al Wadi Rum, y cuando observa la vegetación que rodea las llanuras australianas se pregunta la razón del término.  Pero está desierto, vacío,  salvaje.  O casi, porque la mano del hombre llega a todos lados y más en este país (aunque sorprende que el parque se lo devolvieran a los aborigenes y se planteen cerrar la escalada de la roca por respeto, pero de eso ya hablaremos en otro momento).


Y después de varias horas, estratégicas paradas para tomar un helado o beber agua, la visita a kings canyon, una noche en swag (saco de dormir con colchoncito interior la mar de cómodo) y quemaduras de decimotercer grado en la piel, el guía nos anuncia que nos acercamos.
Y de repente a uno se le olvidan las horas en estrecho e incómodo minibus, las hordas de moscas que inoportunan al turista (y lo alimentan a la fuerza) o los 400 grados a la sombra de la región y se pega a la ventana del autobusete para registrar el momento.


Pero lo mejor está por venir, cuando cae la noche y el atardecer muestra la mejor cara de Uluru, a lo lejos, porque estamos en el camping, preparados para comer salchichas de camello y carne de canguro fresquísima. O a la mañana siguiente, cuando hacemos bueno el dicho de que al que madruga dios le ayuda y  nos levantamos a las 4.30 para ver el amanecer y los espectaculares cambios de color de la roca.


Luego llega la graciosa experiencia de comer a las 10 de l a mañana (y la consiguiente cena a las 3 de la tarde) para llegar a Cairns, donde la vida mochilera ofrece pizza gratis a una hora decente, las 9.30 de la noche.
Por el camino, una experiencia única,  compartida con 20 extraños, que son 20 amigos, con historias, viajes y proyectos diversos. Y una común pasión por las fotos de grupo.
The Rock Tour team

domingo, 23 de febrero de 2014

¡Cómo está el servicio!



Me escribió Víctor el otro día preguntándome qué tal los sueldos por aquí. No cae uno en la cantidad de material que recopila viviendo aquí hasta que le regalan una pregunta similar, así que le respondí: Cómicos, les dedicaré el próximo post en el blog.
Los sueldos son cómicos y yo debo ser un poco payaso también, pasemos revista:
El del primer trabajo, de lavaplatos 3 días en un restaurante a 16 dólares la hora (en abril, cuando el dólar australiano aún estaba fuerte), me parece adecuado. No era tan honesta la paga en efectivo y la ausencia de contrato.
El segundo y más duradero, de camarero en una cafetería-restaurante muy turística y de dudosa calidad empezó a 15 dólares la hora en junio, subió a 16 en octubre y a 17 en diciembre. Si consideramos que por lavar platos en el primero me pagaban 16 y no tenía por qué saber inglés, ni afeitarme ni tener aptitudes de venta o de atención al cliente, pues no se puede decir que sea una gran cosa. Si a ello le unimos el hecho de que las propinas las gestionan los dueños y las reparten cuando les apetece (con el requisito de trabajar al menos 3 meses para tener derecho a ellas) la cosa no mejora. Si rematamos con el agravio comparativo que supone observar como en restaurantes y cadenas un camarero cobra de 21 en adelante, paga y media los sábados y doble paga los domingos, pues para qué os voy a contar.
En su descargo diré que no son los únicos que funcionan así, mal de muchos...
Tercer trabajo, recopilar información sobre el college para una aplicación de teléfonos móviles. A través de una empresa, con firma de contrato, sesión informativa y formación pagada, pagos a cuenta corriente, retención de impuestos y depósito de la superannuation (una especie de fondo de pensiones obligatorio), pagado a 20 dólares la hora, a través de un sistema informático que tú mismo manejas y en el que puedes incluso mentir sobre tus horas trabajadas, aunque lo controlen más o menos atentamente. Creo que el sueldo es bastante decente.
Cuarto trabajo, barman en los cruceros por la bahía. Este se merece un post aparte. Para empezar, también griegos. Pagan en negro, lo que les da la gana y cambiando el criterio cada día. Entre 18 y 22 dólares por hora. Para más inri, es trabajo nocturno, que debería estar mejor pagado (aquí de nuevo las comparaciones son odiosas).
Quinto trabajo, azafato/promotor de la asociación de estudiantes en el college, incluyendo repartir folletos preparar packs de bienvenida, montar una barbacoa en el patio o disfrazarse de oso panda. Gestionado a través de una ETT y pagado 21.50 euros por hora. Todo regular, con impuestos y seguridad social: casi perfecto. Un par de pegas, que dura solo tres semanas y que la ETT se queda un porcentaje (no sé aún si eso se traduce en que el sueldo que percibo es menos de 21 o si en realidad a la asociación de estudiantes le está costando más contratarme aunque yo no vea parte de la plata. Pero es quejarse de vicio, y si no, comparad vosotros mismos.
En resumen, Víctor, que los sueldos como en todos lados, los hay mejores y peores, pero que yo haya encontrado 5 trabajos distintos en un año (aunque sean temporales), cuando en España la cifra de parados sigue siendo alta creo que habla claro de cómo están las cosas aquí y allá.
Y para quien esté echando números, aunque se pueda ahorrar, la vida aquí es mucho pero que mucho más cara, ¿qué si os recomiendo venir? Lo único que puedo hacer es compartir mi experiencia.
Y para rematar, unas fotos del viaje a Melbourne.
Flinders Station y el Skydeck al que no subí

Amanece en Apollo Beach o al que madruga...

Koala salvaje, que no agresivo
 

sábado, 1 de febrero de 2014

Sydney Festival


El equilibrio y la confianza, segun Ockham's razor

Cada año, del 7 al 26 de enero la ciudad se transforma. El festival de Sydney es una concentración de eventos (teatro, música, arte, cine) que desborda a los habitantes de una ciudad demasiado ocupada en ganar y gastar dinero.
Se crea una burbuja en la que por un momento uno se cree en la capital de las nuevas tendencias, y entonces disfruta de la Royal Shakespeare Company de Chicago y su versión Rap de Otelo (brutal), de la poética del equilibrio del espectáculo circense de Ockham's Razor (¡qué nombre más acertado!), de la energía musical del sexteto japonés “Soil and pimp sessions” (con un jazz que fusiona todos los géneros musicales), de la versión australiana del hijo que nunca tuvieron Gainsbourg y Lou Reed (un tal Mick Harvey con la misma pose, y puede que la misma edad, que Javier Krahe), de un concierto de música clásica al aire libre que termina con fuegos artificiales en el marco incomparable del parque del Domain, y mil otras cosas más.
MC Otelo, partiendo la pana
Todo esto lo disfruta uno porque hace de voluntario (él o su compañero de piso) y como en los mejores momentos del festival de cine de Sydney le regalan entradas gratis para todo, o casi: Porque no tienen otra forma de agradecerle a los voluntarios su esfuerzo o porque los espectáculos pese a ser de gran calidad no se llenan debido a que los cuatro gatos que tienen dinero y están interesados en el arte son, como he dicho antes, cuatro. Es fuerte, pero si lo piensas bien es bonito.
Yo, como me han dicho desde que aterricé aquí que Melbourne es diferente, europea, creativa, activa y agitada artísticamente, me voy para allá el lunes. Ya os traeré algunas fotos de sus cientos de cafés y restaurantes, o de la Great Ocean Road, la carretera que va a Adelaide y que parece ser un éxtasis visual.
Ahora que ya por fin parece que me marcho de aquí me entran las prisas por viajar, como si no fuera a volver, pero en el fondo, al mismo tiempo, esta bahía, con su puente y con su ópera y sus atardeceres rojos, me avisa de que no va a ser fácil marcharse.
Lo que no echaré de menos es trabajar todos los fines de semana y una media de 12-13 horas.


Vaya sexteto de japos locos

jueves, 26 de diciembre de 2013

La comuna



No sé si tendrá que ver algo el hecho de que mi familia paterna tenga un hotel, o el que mi abuela materna se pasara los inviernos preparando tortillas para un regimiento (entre primos, parientes, amigos y allegados) cuando se iban a esquiar a la sierra de Madrid, o que en mi casa desde pequeñitos siempre tuviéramos familia y amigos que se quedaban a dormir o la suma de todo ello; sea como fuere, el caso es que soy muy hospitalario.
Siempre lo he sido, por ejemplo en Turín cuando vinieron los chicos del barrio a la casa de los pitufos, o en Baños cuando medio Madrid vino a pasar las fiestas y mi tío bautizó el piso con el título de este post.
Ahora, que vivo en un espacio pequeño y bastante limitado de recursos me temía que no habría sido capaz de organizar las navidades, sin embargo esta Nochebuena 6 personas cenamos en casa y 5 nos quedamos a dormir.
Hannah y Cristina, ex compañeras de piso que se marcharon hace unos meses y me avisaron de que regresarían por Navidad, se presentaron con dos amigos, Dinah desde Melbourne y Chris desde Francia para unirse a la fiesta.
Afortunadamente la confianza da asco y fueron ellas las que cocinaron porque la primera sorpresa de la Nochebuena fue que me tocó trabajar por la mañana en el café y la cachonda de la jefa decidió que iba a ser un día tranquilo así que le dio libre a casi todo el personal. Total, que desde las 7 de la mañana a las cinco y media de la tarde estuve metido en la cafetería.
Mientras, las chicas hicieron la compra, prepararon el menú y decidieron el lugar de la cena (que no era otro que el jardín del que ya os hablé, donde tenemos una mesa grande tipo picnic o merendero). Pasta fresca hecha en casa y tiramisú para desafiar a las circunstancias.
Cómo consiguieron prepararlo en una casa que carece de mesa para estirar la masa, de olla para hervir la pasta y de cafetera para preparar el café es un misterio que aún hoy se me escapa, por mucho que lo viera con mis propios ojos.
Pero si ya se junta con que Dinah se trajo la guitarra y Chris nos confesó que tocaba en dos grupos antes de venir, la fiesta solo podíamos acabarla cantando Wonderwall como en el Karaoke (o incluso peor).
Se veía venir la lluvia, y el 25, que queríamos ir a la playa de barbacoa, amaneció el diluvio. A pesar de todo, fuimos a casa de los amigos de un amigo de un amigo, que organizaron una barbacoa navideña muy simpática. Echamos la tarde y nos volvimos a casa a ver una peli porque con la que estaba cayendo, no teníamos el cuerpo como para mucha celebración.
Bien como experiencia, pero eché de menos la clásica e interminable partida de mus con los primos.

martes, 10 de diciembre de 2013

Las oportunidades

“A veces, esperando, las oportunidades no se ven”

Quería haber escrito el post esta mañana pero no tuve tiempo. Por la tarde fui a la asociación de estudiantes porque aún tengo que entregar unos papeles para que me den un certificado y la responsable me hizo la pregunta del millón. ¿Qué piensas hacer ahora?
En estos días, con el regreso de Hannah, estoy acariciando la idea de otro road trip, esta vez con destino a Melbourne, y con un poco de suerte sin coche destrozado y consiguiente penalización. Sería en febrero porque diciembre y enero los pasaré en Sydney, ahorrando para este y otros posibles viajes y disfrutando los eventos que se avecinan: los fuegos artificiales de fin de año y el concierto del día de Australia (que trae a lo más granado del panorama musical, o por lo menos a los que están dispuestos a venir hasta Australia).
La pregunta iba con segundas, porque lo que quería saber la mujer era si yo estaría disponible para un par de propuestas: ejercer de “embajador” y glosar a los nuevos estudiantes las ventajas y posibilidades de participar en la asociación de estudiantes, participar en el comité que organiza las jornadas de  y ganarme unos dineros empaquetando el regalo de bienvenida de los nuevos estudiantes (una bolsa con un diario, un bolígrafo, un llavero-linterna – esta fue idea mía – y un bloc de post-it).
Y de paso intentar venderme los cursos de Tafe que podría hacer si decido prolongar mi estancia con otro visado de estudiante. Muy interesantes, para qué nos vamos a engañar, pero más interesante sería que me saliera un trabajito bueno como el de Daniel, de lunes a viernes, de 10 a 14, que me pagaran 2500 al mes…
Hay quien dice que van a Roma...
Sin embargo, lo que encuentro son voluntariados marchosos, en los que no me pagan pero me lo paso bien, los dos últimos son, el pasado fin de semana en el parque olímpico con motivo de las carreras de V8 Supercars, que incluían una gran variedad de coches que no sabría distinguir (parecidos a Fórmula 1, parecidos a coches de Rally, parecidos a los Micro Machines…
Hubiera sido más divertido sin tener que trabajar porque me habría podido quedar el fin de semana viendo todas las carreras (aunque eso me hubiera costado perder al menos un 60% de capacidad auditiva) o el madrugón no me habría costado un susto como el que tuve en el tren (que me olvidé el móvil en el asiento y me fui tan contento a casa, suerte que es cutre y está roto, porque gracias a eso lo encontraron en la estación siguiente y lo pude recuperar).

Y el mega evento que todos estábamos esperando, ¡¡Fin de Año!! Me han ofrecido estar en el punto informativo el día 31 por la mañana y a cambio me dan una entrada para ver los fuegos artificiales en primera fila, en la tribuna  reservada para la gente que paga. A ver si lo grabo en vídeo.

viernes, 4 de octubre de 2013

El tiempo, de su pérdida y de sus caprichosos cambios

Hoy voy a hablar del tiempo
¿Otra vez de vacaciones? ¿Cómo vives? Pues, honestamente, tampoco tan bien, porque llevo dos semanas de sol y calor en las que no he pisado la playa. Y por si fuera poco, el único día que tenía libre lo dediqué a la mudanza.
Me ocurrió como aquella vez que fui a Bondi: había quedado con mi nueva compañera de piso para que me diera las llaves en la puerta de su trabajo, puse la dirección en google maps y me acordé de lo que quise. Estación de St Leonards, sales y giras a la derecha, hasta que llegas al cruce con Oxley St, sencillísimo.
Primer error, como se puede ver en la imagen, no hay que girar a la derecha, a menos que uno salga de la estación de St Leonards antes de llegar a ella. Resumiendo, que me fui hasta más allá del hospital a las 12 de la mañana bajo un sol de justicia hasta que acepté que había caminado por demasiado tiempo.
¿Qué le hace a uno tomar estas decisiones? Posiblemente influya el hecho de que a la salida de la estación había una plaza grande, que eso ya desubica, o que, como en las películas el camino correcto implicaba subir una cuesta, mientras el giro equivocado era un agradable paseo sobre el llano, con parquecito incluido.
O quizás el calor extremo, que me nubló las entendederas.
Pensaréis que aquí acaba todo. Pues no, apenas dos días después nos reuníamos los del grupo del bingo, para organizar el evento en la bolera que hemos alquilado para la ocasión. Premisa: estoy harto de pasar por ahí, porque el bar de Pichuco queda justo enfrente.
Primer error (o segundo) tomar el autobús equivocado. Solucionable si me hubiera bajado a tiempo, pero lo hice una parada después. Y entonces, en lugar de desandar el camino como haría cualquier persona que no sabe dónde está, me dio por aventurarme a "buscar un atajo". No me preguntéis qué camino escogí, si torcí a la derecha o a la izquierda, si norte o si sur, porque cuando me bajé del autobús llovía a mares (segundo o tercer error como imaginaréis es no llevar paraguas ni chubasquero alguno). Consecuencia de este espontáneo temporal fue que ningún osado peatón salió a pasear al perro o comprar la prensa, por lo que mi atajo se convirtió en un interminable infierno...
Hasta que amainó y encontré a dos ciclistas. Con su Iphone me indicaron lo que hacer (para mí que me hicieron dar un rodeo porque tardé en llegar 20 minutos, pero tampoco estaba yo como para desobedecer las órdenes supremas de Google Maps.
Por último la esperada mofa atmosférica, tras más de media hora de intensa tormenta, apenas llego a la bolera para de llover. En Italia me llamarían Fantozzi.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Precaución, amigo conductor!

Llevo 2 semanas utilizando la bicicleta que me prestó Fernando hace 3 meses. Me ha costado, pero lo he conseguido. Y ahora voy en bici a todos lados (menos al cole, que está tan cerca de casa que me daría vergüenza sacar la bici).
Es como un retorno a la infancia, porque con la broma de conducir por la izquierda es como si estuviera aprendiendo a montar en bici otra vez. Con diferencias propias del país, debido a la austral fijación por la seguridad: me he comprado un casco, uso el chaleco reflectante por la noche y el otro día fui a un simpático lugar donde puedes arreglar la bici gratis y le puse un reflector rojo en la parte de atrás.
Fumando la pipa de la paz
De paso, un señor australiano, muy afable y apañao me arregló la cadena, porque no el cambio no funcionaba y ahora me parece que voy en coche, va la bicicleta de maravilla, ¡oiga! Justo a tiempo para afrontar el cruce del puente cuando me mude.
Otro de los sucesos semanales ha sido la rave party del sábado pasado. Los cuatro jinetes del apocalipsis que son mis compañeros de piso irlandeses celebraban la última semana de uno de sus amigos, que regresa al Reino Unido (tantos kilómetros y una misma reina…) y decidieron hacerlo a lo grande: sábado 4 de la tarde, la fiesta comienza con música y cervezas (una caja de 24 tercios). Empiezan a llegar los amigos y las cajas de birras se multiplican. Apenas las 9 de la noche, diez personas y cada uno llevará 3 litros de cerveza por lo menos; más tabaco, lo que no es tabaco y otras golosinas por el estilo.
En ese momento yo me voy al bar de Pichuco que me toca barra (por cierto, una fiesta muy curiosa de un colectivo de lesbianas moteras con espectáculo de lap dance) y a mi regreso a casa a las 2 de la mañana me sorprendo viendo restos de sangre en la cocina y huesos de pollo en el cuarto de baño: Los chavales, que se han peleado de broma y que no sueltan el pollo de Kentucky ni para …
Ojo a la moqueta que resbala
Yo me voy a la cama, que al día siguiente trabajo. Ellos regresan hacia las 4 con poca gana de dormir, así que se salen al balcón, encienden la música y a seguir bebiendo (whiskey, cerveza o lo que se tercie) y saltando encima de uno que se queda dormido en el suelo (versión buñuelo). Por lo visto les dieron las 10 y las 11.
Cuando volví, a las 6 de la tarde del domingo, seguían durmiendo como angelitos, el lunes fue muy duro para los que trabajaban (son todos albañiles, menos uno que es fontanero) y uno está de baja porque se rompió el hombro por una zancadilla de broma. Me reconocieron, aún algo ebrios, que se engancharon una mierda de quinceañeros.

Y a mí, con tanto regreso a la infancia me ha salido una espinilla. Va a ser cierto que los 30 son los nuevos 15

sábado, 21 de septiembre de 2013

Unas prácticas muy prácticas

¡Ya estoy de vacaciones!
Y vosotros diréis, ¿otra vez? Pero, ¿qué pasa? ¿En Australia no se estudia o qué?
Tienen por aquí un sistema escolar que prevé dos semanas de vacaciones entre cada evaluación y dos grandes bloques de vacaciones entre cada semestre.
Yo de momento he tenido vacaciones breves en Abril, cuando vino Pepe y nos fuimos a Tasmania, vacaciones largas en invierno (verano español) cuando nos fuimos de tournée en caravana y las de ahora, que son breves.
De momento no he preparado nada más que una posible visita de uno o dos días a Canberra, porque el evento se acerca y me toca buscar sponsors. Además, el miércoles pasado empecé las prácticas en el Festival de Newtown.
Un poco de publicidad del Festival
El Festival es una pasada. Lleva funcionando 35 años y es una de esas pequeñas ideas que nacen de una comunidad desfavorecida que cree en la solidaridad, empieza con un picnic para los vecinos y acaba reuniendo 80000 personas en el parque, 300 chiringos de comida, artesanía y vida sana, 4 escenarios con música, baile y performances... En fin, uno de los eventos del año en la ciudad.
Y ahí dentro he acabado yo, un poco de rebote, porque una compañera de clase sugirió mi nombre cuando la organizadora comentó que les hacía falta otra persona. El Festival es el 10 de noviembre, así que después del evento, que está previsto para el 25 de octubre, no voy a tener tanto descanso como me parecía.
El poster, sin los sponsors, claro
A propósito del evento para el curso, ya tenemos el póster oficial, hecho por una compañera del grupo que es diseñadora gráfica y de estas cosillas algo entiende. Ahora nos toca vender los tickets para que vengan 120 personas, ¿quién se apunta a venir a Australia a finales de octubre?
Por otro lado, me estoy preparando para grandes cambios, dejo el edificio que me ha acogido durante los últimos ocho meses en literas chirriantes con compañeros de todo tipo (desde mandango hasta el traficante de galletas coreanas, que por cierto todavía se acuerda de mi y nos trae bolsas llenas de galletas cada 3 semanas) por una casa en el barrio norte, pasado el puente de la bahía.
Aún quedan muchas cosas por hacer y la mudanza no será hasta el 7-8 de octubre, pero cambio el bullicioso centro y las convenientes ofertas del barrio chino por la tranquilidad de la vida de barrio australiana, con su parquecito para hacer barbacoas y sus vistas de la Ópera desde el otro lado del puente.
Me llevo la bicicleta, que intentaré convertir en mi medio de transporte preferido, y ya he medido lo que tardo en llegar a los sitios: media hora al colegio, 45 minutos a las prácticas de Newtown y 1 hora al Pichuco's australiano donde sigo de voluntario de vez en cuando.
Si la uso de verdad voy a echar unas piernas que ni Eddy Merckx, porque ¡menudas cuestas hay en Sydney!
La Ópera, desde el otro lado