El verano acabó, y como en las novelas de aventuras que leía de pequeño, toca despedirse. Aunque me queda todavía un mes aquí, ayer dejé los trabajos en la cafetería y en los cruceros, con las consiguientes despedidas, que tradicionalmente se resumen en salir a tomar unas cervezas o -en mi caso- zumos con los compañeros y compañeras de trabajo.
Con la peña de la cafetería, como llevo trabajando 8 meses, quería organizar una cena española, para que se animaran a dar el salto y visitarme.
Como la mayoría es europea no sería difícil organizar un reencuentro cuando todos volviéramos a nuestros respectivos países. Pero la cena queda pendiente y si la hago destaparé el tarro de las esencias y pondré sobre la mesa cuanto hed aprendido aquí, la paella, la tortilla, la empanada... y lo mismo me atrevo con unas torrijas, ¿por qué no?
Con los compis de los cruceros ha ocurrido lo que siempre le pasa a uno cuando se marcha de un sitio (un querrabiadá, que diría Alfonso Arús) y es que ayer fue la primera vez que salimos a tomar algo despues del trabajo y lo pasamos tan bien que seguro lo repetirán mas veces desde ahora. Y es una pena porque es un grupo de gente buena onda muy variado (australia, brasil, grecia, chile, corea, china... vamos un poquito de todo) y un horario inmejorable para salir de fiesta, porque acabamos los cruceros a la medianoche de viernes y sábado. De hecho aún me pregunto por qué no nos han dado las tantas de la mañana antes de anoche, ¡qué raro!
Será que soy un sentimental, pero me dio pena terminar en ambos sitios, no por el trabajo en si, que tampoco es nada del otro mundo, sino por el compendio de experiencias vividas y sobre todo por la gente con la que se comparten esas vivencias.
También contribuye la proliferación de muestras de cariño y presión en facebook, recordando momentos imborrables y pidiéndome que me quede. Con el entusiasmo del momento se lo plantea uno y llega a pensar en quedarse y no volver, o regresar temporalmente pero en frío y con el peso de la terca razón las pegas o reparos desequilibran la balanza.
Por si estoy siendo muy críptico lo que digo es que no sé si quedarme en sydney o si regresar despues de un tiempo en españa, pero no me lo tengáis en cuenta, que ya tengo el billete para Madrid mirado y casi comprado.
Y todo esto que hoy cuento brevemente, lo hago desde alice springs, primera etapa de mi viaje al corazón del país. No pongo fotos porque con el tablet es complicado y la aplicación no me funciona. Si puedo, os hago la cronica diaria, pero no sé yo que conexión wifi habrá en el desierto...
Un espacio nacido como diario de viajes que ahora es más un compañero de camino...
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sábado, 1 de marzo de 2014
martes, 28 de enero de 2014
Números
Hoy
hace un año que llegué a Sydney. Extraña coincidencia, esta es mi quincuagésimo segunda entrada en el blog. Una por semana. Anda
que no ha llovido (en sentido figurado y literalmente) y a la vez, como a menudo ocurre
parece que fue ayer.
En este
tiempo he acumulado experiencias y vivencias como para escribir un libro (o un
blog), encontrado y conocido amigos que volveré o no volveré a ver, adquirido
nuevas habilidades y estrategias (aquí lo llaman skills y en el curriculum
queda muy bien) pero sobre todo he aprendido inglés, ¡por fin!
No se
da uno cuenta de cómo domina un idioma hasta que otra persona se lo dice.
Persona que puede uno conocer o no: el último que me dijo que mi inglés era muy
bueno fue un australiano borracho la otra mañana en la cafetería (y ya se sabe
que los borrachos nunca mienten).
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| De Supermario en 3 minutos |
En lo
que respecta a escribir un libro, podría ser una colección de chistes y
anécdotas, la última de las cuales es muy graciosa (de nuevo en la cafetería):
esto es un chino que llega al restaurante y pide una tortilla de champiñones,
el camarero le lleva un bocadillo de lomo por error y cuando regresa para pedir
disculpas la situación es la siguiente:
Camarero
(con una tortilla en la mano): Disculpe, ha habido un error, usted había pedido
una tortilla de champiñones, ¿verdad?
Chino
(con medio bocata ya en el estómago): No, si yo ya tengo mi tortilla aquí, no
quiero nada más.
Por
supuesto a Stephane (el actor en el papel de camarero) le faltó tiempo para venir a contármelo y aguántate la risa
delante de los clientes…
De amigos ni empiezo ni acabo porque muchos más vendrán (y ya saben ellos quienes son) y en lo que
respecta a los skills el mejor
de todos es la capacidad de hacer de voluntario, que tengo más diplomas y
camisetas de eventos que apuntes del curso (y eso que lo aprobé con
sobresaliente, por si no lo había dicho antes).
Ahora que parece que mi visado se acaba igual me voy a Nueva
Zelanda de turismo (que tengo visa para 3 meses) y alargo mi estancia en la
otra punta del mundo un poco, pero tiene más pinta de que me volveré, como
tarde a mediados de abril, aunque después de un año de reflexión siga sin haber
pensado en nada concreto.
Supongo
que, paradójicamente, me hacía tanta falta venirme aquí hace un año como falta
me hace ahora largarme. Al final voy a ser uno de esos, como dice Sabina "porque no quiso ser estatua de sal le llamaban todos culo inquieto"
¡Quién me lo iba a decir!
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jueves, 2 de enero de 2014
Año nuevo, vida…
Llegó
el día con el que había estado soñando desde que vine a Australia: Fin de año.
Toda la vida viendo en las noticias de las 3 de la tarde del día 31 los fuegos
artificiales en Sydney con motivo del año nuevo y el otro día, por fin, los
pude vivir en directo.
Para
obtener un lugar privilegiado desde el que poder disfrutar del espectáculo, me
ofrecí voluntario para dar información sobre actividades y lugares para ver los
fuegos de 10 de la mañana a 5 de la tarde. Con ello me regalaron un ticket para
acceder a una plataforma que hay sobre el muelle desde la que se ve el puente
sobre la bahía y la Ópera.
En el
rato que estuve informando, millones de personas se agolpaban preguntando las
mismas cosas y todos a la vez. Perdí la voz dos o tres veces porque el flujo de
gente era interminable, tanto que apenas nos quedaba tiempo para beber agua.
Pero me gustó la experiencia, sobre todo porque había entre los visitantes,
muchos turistas italianos, franceses e hispanohablantes, así que pude informar
en varios idiomas (para no perder la práctica).
Creo
que los fuegos, que por cierto cuestan aproximadamente 4 millones de dólares, hablan por sí solos, así que os dejo un vídeo.
En
cuanto a la fiesta de Nochevieja, como en todo el resto del mundo, es el peor
día para salir, así que intenté volver a casa temprano. Por el camino me topé
con la presentadora del Canal 9 (que no es Canal Nou, porque ya no existe).
Antes de esta toma, la pobre mujer lo intentó un par de veces y yo, viendo el percal, preparé la cámara para grabar la versión definitiva. Ojo al espontáneo que se levanta la camiseta y se frota los pezones; un clásico.
Cuando
llegué a casa me aguardaba otra noticia. Mis notas del Diploma de Eventos. Graduado con Sobresaliente.
Buenas noticias para empezar el año con energía
(y, como dijo aquella sabia, “con muchaaa marchaaaa”).
sábado, 9 de noviembre de 2013
El discurso
El discurso
A mi hermano, que me enseñó a usar “vaya chapa”. Happy Birthday!
El lunes me convertí oficialmente en homeless y puede que sea una de las mejores cosas que me han pasado en Sydney. Una compañera de clase me ofreció su casa la semana pasada con la vehemente aseveración de que su madre me había preparado el cuarto y todo. Como no me gusta abusar, intenté encontrar una solución antes pero no había casas disponibles y entre presentar los trabajos que tenía (y aún tengo) que entregar y preparar los exámenes, que empezaron esta semana, el tiempo no me ha sobrado.
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| Por si alguien se preocupó, así me entretuve tras el golpe |
Pero lo más interesante de esta semana es que teníamos la fiesta de despedida para estudiantes internacionales en TAFE. Me llamaron la semana pasada para confirmar mi presencia porque me habían nominado para un premio y les dije que claro que iba y que muchas gracias (que soy yo muy cumplido). Pero el lunes me llamaron de nuevo:
- Hola, Zósimo, soy Helen, de la Sección de Estudiantes Internacionales. Quería preguntarte si podrías hacer el discurso de agradecimiento del miércoles en representación de los estudiantes internacionales.
- Ah, pues estupendo, ¿qué tengo que hacer? ¿me preparo un discurso o me lo dáis vosotros y lo leo?
- Bueno, te comento, lo suyo sería que hablaras durante, digamos 1 minuto, sobre tu experiencia aquí, lo que te ha gustado de tu curso, el voluntariado o experiencia laboral en tu sector y todo eso. Y por supuesto, el Vote of Thanks a la institución, a los coordinadores de estudiantes internacionales, a todos los profesores y, si quieres, a los tuyos en particular.
- ¡Un minuto! Helen, hija mia, que yo tengo mucha labia y en un minuto no me da tiempo a nada.
- Bueno, si quieres, puedes hablar un poquito más, pero el discurso es el cierre de la ceremonia y va justo antes de los canapés y las cervezas…
- Mensaje recibido, o sea, que me toca la chapa final que nadie escucha. No problems.
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| ¡Qué nos gusta un festorro! |
La ceremonia, como siempre, un plomo, los nominados, en realidad, somos ganadores y el director del College nos da un certificado de excelencia en un excelente marco made in Todoaunleuro y una sudadera con capucha muy molona y corporativa.
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| Otra foto de la noche del bingo |
Creo que no tardo mucho más de dos minutos, con la espontaneidad que me caracteriza, cierro la charla con un “vaya chapa que os estoy soltando, mejor me callo” seguido de un Thank you, como podría haber sido seguido de un Excuse me, y me bajo a comer.
A la gente le ha gustado, en el aperitivo de después unas estudiantes japonesas se me acercan a felicitarme y todo (¡qué bien me vienen las enseñanzas de Kentaro!). Las profes también me felicitan y hasta mi madre aussie a la que por supuesto invité a la ceremonia, dice que ha sido muy bonito y muy sincero.
Yo me alegro, claro, y como sigan así se me va a subir a la cabeza. Francamente, no me acuerdo de nada de lo que he dicho y tengo la vaga impresión de que ha sido un enmarañado conjunto de frases inconexas.
Pero tengo un jersey nuevo.
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