No sé si la expresión más adecuada será aquella de "hacer leña del árbol caído" pero voy a tomarlo en su lado más positivo, el de la productividad.
Uno podría pensar que, dado que el árbol ya se ha caído y eso no tiene solución, al menos hacer leña puede darle sentido. Y eso vamos a intentar.
La acción ocurre en un apartamento confortable, una fresca mañana de septiembre (la primera mañana fresca de todo el verano, por cierto) cuando nuestro protagonista; un teléfono móvil de esos con internet, cámara de fotos, protector de pantalla y chaleco antibalas; se encuentra cómodamente tumbado en una mesa mientras su dueño lee un libro con el tobillo derecho sumergido en un barreño de agua fría.
Hasta aquí todo normal, bueno, lo del tobillo evidentemente se explica por la lesión previa del dueño del teléfono y redactor de este texto, que se fracturó un hueso del pie jugando al baloncesto a principios del verano (pero eso es otra historia).
Todo sucede en apenas unas milésimas de segundo; termina el quinto capítulo del libro, lo apoya sobre la mesa y toma el móvil para ver la hora; pero el terminal está juguetón, o rebelde y se zafa resbalando hacia el suelo. Se acerca al borde del barreño y, con un leve rebote en la circunferencia externa, se sumerge como si de un concurso de saltos de trampolín se tratase.
¡Qué simpática coincidencia que uno se lesione al intentar capturar un rebote y acabe encestando el móvil en la misma canasta en la que tiene el pie!
Por supuesto, en otras cuantas milésimas de segundo sucede todo lo demás: la incredulidad, la pesca submarina, el contenedor de arroz, los frustrados intentos de abrirlo para extraer la batería...
Resumiendo... que me he quedado sin móvil. Había pensado ponerlo en facebook con el clásico mensaje "Estoy sin móvil, para cualquier cosa escribidme por aquí" pero luego se me han venido a la cabeza mil otros textos: "mi móvil protagoniza el remake de vacaciones en el mar", "tras un verano infernal mi móvil decide bañarse la mañana más fresquita", "de los productores de `Martini con móvil´, llega `Móvil al agua´", "saben aquel que diu que es un móvil que se cae al agua", "mi tobillo por un móvil impermeable" y otras muchas chorradas así que me he convencido de que lo mejor era escribir una entrada en el blog antes de empezar a lamentar todas las fotos, vídeos, teléfonos, chistes, etc, que se han evaporado.
Tampoco es la primera vez; cómo olvidar el vuelo sin motor derecho a una copa de vodka con naranja mientras rodábamos vídeos documentales sobre el amor en un bar de copas, o aquella cagada (nunca mejor dicho) hace ya muchos años cuando se cayó al WC y una vez pescado lo lavaron bajo el grifo (se dice el pecado pero no el pecador).
Tengo que reconocer que mi experiencia con los celulares es bastante rica: desde el nokia más simple de batería inagotable, con su teclado abombado por el calor, que funcionaba incluso en Australia y jamás me dio un problema, hasta el Nexus con la pantalla táctil triturada del que funcionaban sólo algunas letras (y qué vanguardista era escribir mensajes buscando sinónimos de todas las palabras que contuvieran una "L").
Y tras este buen montón de leña, creo que es buen momento para aprovechar y depurarme... quizá me pase unos días sin móvil... he leído por ahí que es la única forma de tener vacaciones en este mundo cyborg.
Un espacio nacido como diario de viajes que ahora es más un compañero de camino...
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jueves, 8 de septiembre de 2016
martes, 23 de junio de 2015
Ponerle vallas al mar
Una vez dentro del océano, no me culpéis por usar la aburrida metáfora de los peces que a millares pueblan el mar de las relaciones, con una herramienta gratuita que aglutina tantos usuarixs (tantos como peces) parece necesario preguntarse por el aspecto más prosaico de todos: el dinero.
Lejos de mí la intención de señalarlo como único aspecto prosaico, los hay a porrillo en una app que se cataloga de buscador de relaciones de usar y tirar, sexo esporádico o, más elegantemente, para conocer gente a tu alrededor; y de la que ya hemos comentado algunos de los contenidos en las anteriores entradas.
Volvamos al dinero: ¿dónde?¿cómo?¿cuánto?
Bien, no se hace desde luego con la descarga del programa, que es gratis, a no ser que Tinder tenga participaciones en Telefónica y Vodafone, pese a lo cual tampoco es de las que más datos absorben (ese privilegio se lo guardan las apps de videollamada) sino con la célebre "versión premium", el gran truco del siglo XXI.
No descubre uno la versión premium de Tinder hasta que le deja el smartphone a los colegas, tan novatos como uno mismo, que sistemáticamente le aplican a Tinder la estrategia número tres (ver post anterior) y a una velocidad de vértigo comienzan a lanzar hacia la derecha todas las fotos y perfiles que aparecen en la pantalla sin detenerse más de 3 segundos en cada uno (total, el contenido es lo de menos, van a decir que sí igualmente).
Al cabo de un par de minutos sonríen sonoramente, saltando su sentimiento entre la malicia y la flojera antes de afirmar: "Bueno, en 12 horas volvemos". Ocurre que los "likes" tienen un límite (cifra que desconozco pero que echando cálculos, 2 minutos a 3 segundos por perfil, puede rondar los 300 o 400) y una vez alcanzado, se debe esperar durante 12 horas antes de volver a jugar.
Como dicen los colegas, con mayor sorna incluso: "No tienes por qué esperar, puedes seguir viendo perfiles, claro, siempre que digas que no a todos los que aparezcan en las próximas 12 horas". Y aquí entran dos elementos clave para hacer dinero: la inmediatez y la avaricia.
Decir que no a una foto de tinder significa su desaparición total (o eso creo, tendré que preguntar a los expertos si teniéndolo muy trabajado la app les llega a reproponer a la misma gente por evitar el vacío), mientras decir que sí deja abierta la puerta al match.
Suspender el juicio, que podría ser nuestra favorita, te obliga a permanecer en estado de éxtasis: sin poder ver el siguiente perfil hasta que te pronuncies sobre el actual.
Si fuera un juego de cartas, sería el solitario, en el que se van descubriendo las cartas una a una para colocarlas en su correspondiente palo. Tiene sentido porque se supone que a Tinder se juega solo.
No estaría mal crear una app un poco más social, que fuera algo más como el chinchón o la canasta para jugar en grupo y hacer parejas, tríos y escaleras... Ahí lo dejo.
Lejos de mí la intención de señalarlo como único aspecto prosaico, los hay a porrillo en una app que se cataloga de buscador de relaciones de usar y tirar, sexo esporádico o, más elegantemente, para conocer gente a tu alrededor; y de la que ya hemos comentado algunos de los contenidos en las anteriores entradas.
Volvamos al dinero: ¿dónde?¿cómo?¿cuánto?
Bien, no se hace desde luego con la descarga del programa, que es gratis, a no ser que Tinder tenga participaciones en Telefónica y Vodafone, pese a lo cual tampoco es de las que más datos absorben (ese privilegio se lo guardan las apps de videollamada) sino con la célebre "versión premium", el gran truco del siglo XXI.
No descubre uno la versión premium de Tinder hasta que le deja el smartphone a los colegas, tan novatos como uno mismo, que sistemáticamente le aplican a Tinder la estrategia número tres (ver post anterior) y a una velocidad de vértigo comienzan a lanzar hacia la derecha todas las fotos y perfiles que aparecen en la pantalla sin detenerse más de 3 segundos en cada uno (total, el contenido es lo de menos, van a decir que sí igualmente).
Al cabo de un par de minutos sonríen sonoramente, saltando su sentimiento entre la malicia y la flojera antes de afirmar: "Bueno, en 12 horas volvemos". Ocurre que los "likes" tienen un límite (cifra que desconozco pero que echando cálculos, 2 minutos a 3 segundos por perfil, puede rondar los 300 o 400) y una vez alcanzado, se debe esperar durante 12 horas antes de volver a jugar.
Como dicen los colegas, con mayor sorna incluso: "No tienes por qué esperar, puedes seguir viendo perfiles, claro, siempre que digas que no a todos los que aparezcan en las próximas 12 horas". Y aquí entran dos elementos clave para hacer dinero: la inmediatez y la avaricia.
Decir que no a una foto de tinder significa su desaparición total (o eso creo, tendré que preguntar a los expertos si teniéndolo muy trabajado la app les llega a reproponer a la misma gente por evitar el vacío), mientras decir que sí deja abierta la puerta al match.
Suspender el juicio, que podría ser nuestra favorita, te obliga a permanecer en estado de éxtasis: sin poder ver el siguiente perfil hasta que te pronuncies sobre el actual.
Si fuera un juego de cartas, sería el solitario, en el que se van descubriendo las cartas una a una para colocarlas en su correspondiente palo. Tiene sentido porque se supone que a Tinder se juega solo.
No estaría mal crear una app un poco más social, que fuera algo más como el chinchón o la canasta para jugar en grupo y hacer parejas, tríos y escaleras... Ahí lo dejo.
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