martes, 30 de mayo de 2023

Diarios de un lector a tiempo parcial: La sonrisa etrusca y Je reviens te chercher

 Con el impulso del mes pasado se me ha ocurrido mezclar lecturas en castellano y en otros idiomas y así este mes he leído en su lengua natal al francés Guillaume Musso y también a nuestro José Luis Sampedro, aunque el primero ambiente su novela en Nueva York y el segundo en Milán.

 Y aquí se acaban los parecidos, iba a escribir, cuando he recordado que en ambas hay una figura paterna protagonista (en el caso de La sonrisa etrusca además de padre es abuelo) y precisamente la paternidad (o "abuelidad" supone un punto de inflexión en la peripecia).

 Me resulta bien curioso en estos últimos tiempos en los que he visto tantas maternidades (sobre todo en películas), leer sobre el padre y su relación (o casi tendría más sentido su no relación) con su progenie. Y un pelín triste pensar que hay tanta riqueza de matices (desde La maternal a El que no soy, pasando por Cinco lobitos) mientras que la paternidad la hemos reflejado desde un lugar más bien plano, esclavizado por el mito de Saturno devorando a sus hijos y pasado por el filtro freudiano de Edipo.

 Menos mal que voy conociendo padres diferentes y me aumentan la esperanza en el cambio de modelo (o por lo menos en el crecimiento de la diversidad, porque el modelo será difícil cambiarlo.

viernes, 28 de abril de 2023

Diarios de un lector a tiempo parcial: Unión soviética. La quiebra de un modelo y Que foi daquel soño

 Este mes voy a unir las dos lecturas que he hecho porque tratan un tema común: el fin de la URSS. Son dos libros muy diferentes pese a las muchas coincidencias. El primero, de Carlos Taibo es un conjunto de ensayos de análisis socioeconómico y político con gran foco en los personajes y el partido, mientras que el segundo, mucho más liviano, es un recorrido histórico, casi sentimental, del periodista Xulio Ríos por los lugares que fueron visitados en los años 30 por Castelao.

 A mí, inevitablemente, me han acercado mucho a la situación actual en la frontera entre Ucrania y Rusia. Un concepto, el de frontera, que he resignificado a la luz de las historias y de la Historia para llegar a la misma conclusión de siempre: los límites propios los disputa cada quien frente a la sociedad y los físicos o geográficos, la sociedad (o los gobiernos) a las personas, soliendo ser, por lo general, las personas quienes salimos perdiendo en ambos casos.

 No es casualidad que tuviera esos dos libros en casa, ni que hayan pasado casi tres años recopilando lentamente polvo en la estantería, ni por supuesto que este mes de abril me haya decidido a leerlos. Lo que tal vez sí sea una sincronía es que durante su lectura apenas haya escuchado noticias sobre la guerra (o ataque, o asalto, o invasión), quien sabe si por las próximas elecciones municipales.

 La imagen de una Rusia decadente, empobrecida, entregada ya en lo social al liberalismo del mercado negro, con la sombra de un Yeltsin que llegaría muy poco después a hacer lo propio en los planos económico y político permea las páginas de ambos textos, aquéllas más en el libro del gallego y estas en el ensayo de Taibo (que también es gallego o tiene raíces, dicen, por aquí).

 Lejos de mí el afán nacionalista (ni centrífugo ni centrípeto), me gustaría ver pronto dos estados (y dos bloques políticos) que se tienden la mano y comienzan a trabajar para la gente que, con mayor o menor implicación o responsabilidad en ello, se ha visto envuelta en este permanente y peligroso estado de excepción. Casi frívolo, solo puedo admitir que estoy muy lejos y siento un injusto privilegio con el que no sé qué hacer: problemas del primer mundo :-(

martes, 21 de marzo de 2023

Diarios de un lector a tiempo parcial - La autopista Lincoln

 Segundo libro de Amor Towles que me leo en menos de un año, tras su Caballero en Moscú (que aún espero ver en la futura serie de Ewan McGregor, antes Kenneth Branagh) que irradia, al igual que éste, socarronería y emotividad por cada una de sus 500 o así páginas).

Cuán difícil es en realidad saldar una deuda, tanto si está en el debe como en el haber, porque al riesgo de contraerla si la reclamación es desproporcionada, se suma y contrapone el de no ser lo bastante honesto como para reconocer la propia y dejar la contabilidad a cero.

No es la economía la ciencia más humana para hablar del equilibrio de las emociones humanas y sin embargo este broker convertido en novelista especula con toda una gama de sentimientos a través de sus personajes (la mayoría bien construidos, la mayoría hombres) para ir aumentando el valor de su relato hasta alcanzar, cómo no, el digno reconocimiento del mercado.

Me divierto pensando en otros ejemplos como el de Michel Vinaver y me pregunto cuántos escritores (o escritoras) dan un giro a su vida para dedicarse a invertir en bolsa o dirigir grandes empresas. Y dudo que sea por falta de estudios "especializados", apuntando, románticamente, a una ausencia de verdaderas emociones, las que trae la creación de personajes eternos que a menudo reflejan cada una de nuestras vidas posibles.

Diarios de un lector a tiempo parcial - Sostiene Pereira

 Casi me da vergüenza denominarme lector tras conocer a los personajes de Tabucchi. Por no hablar del tiempo parcial, que al menos este último mes sería más robado a la vida, por su inconstante distribución y desigual densidad.

Por suerte, topa uno con esta lectura en italiano y se permite viajar al pasado y recorrer por igual Lisboa y Torino como el turista que vuelve, contraviniendo una norma no escrita del aprovechamiento consumista de nuestro bien más escaso, aunque solo sea por la imposibilidad de medir cuánto tenemos.

Yo creo, y Pereira sostiene, que vivimos nuestra vida fugaz en un tiempo y un sistema perdurables, y que muy probablemente, mal que nos pese, no veremos un gran cambio de este a lo largo de aquella. Tampoco, sostiene (o sostendría) Pereira, podemos abstraernos de la realidad presente y sus característicos dolores, y ello puede (mejor aún en condicional) empujarnos a ambos lados del fino hilo que separa la acción del desconsuelo, el compromiso de la renuncia, la consciencia de la ignorancia.

Claro que no es lo mismo tener una guerra concreta, con su sangre, sus balas, sus odios, en el país vecino que una emergencia climática, tan invisible como inevitable, en todo el globo; pero si ello no basta para sostener la voz y el impulso de todas las Pereira que alguna vez se hartaron de régimen acabaremos en otra lucha fraticida por la energía, los alimentos o el agua.

Y no es una cuestión de tiempo, ni de dinero. Es una cuestión de implicación, de justicia.